martes, 8 de abril de 2014

Historias de saberes Imbabura




Juan Carlos Morales Mejía
Libro / cortos video
Viernes 11 de abril de 2014
Auditorio Gobierno Provincial de Imbabura
(Calles Bolívar y Oviedo)
17h00
Ibarra / Ecuador
GOBIERNO PROVINCIAL DE IMBABURA
PATRONATO DE ACCIÓN SOCIAL / GPI

 
Historia de saberes –libro y audiovisual- es un proyecto del Gobierno Provincial de Imbabura, a través del Patronato de Acción Social, con un propósito: mostrar, a través de 15 personajes adultos mayores y su legado, los valores imbabureños como ejemplo y compromiso para las futuras generaciones.
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El proyecto que duró medio año fue realizado por Juan Carlos Morales Mejía, magíster en Cultura y miembro de la Academia Nacional de Historia de Ecuador, junto con un equipo comunicacional. 
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La obra recoge las vivencias de Fausto Yépez Almeida, Nelson Torres Gordillo, Daniel Suárez Benítez, Laura Unda Moreno, Luis Aníbal López, Alcides Montesdeoca, Hernán Jaramillo Cisneros, José Picuasi Córdova, Segundo Silva, Yolanda Cabrera, María Magdalena, Rosa Elena y Gloria Pavón, Humberto Salgado Grijalva y Manuel Vallejos Paredes, referentes de los seis cantones e incluye fotografías antiguas.
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En el prólogo del libro el Diego García Pozo, Prefecto de Imbabura, señala: “Es un homenaje a nuestros mayores de Imbabura, con un propósito: un pueblo no puede olvidar a quienes trazaron las rutas por donde ahora recorremos la senda, muchas veces libres de abrojos.
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Estos personajes, que son algunos de los muchos de hombres y mujeres, representan la esencia de nuestra provincia, y por eso aparecen en sus primeros años como si otra vez les trajéramos al presente. Merced a su tenacidad, a su alegría de vivir, son un referente y un libro abierto de lo que somos”.
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Por su parte, Elena Larrea, Administradora General del Patronato de Acción Social del GPI, comenta que lo importante de este proyecto es que por intermedio de los valores de los adultos mayores se realiza un homenaje a quienes han laborado arduamente en la construcción de Imbabura, desde diferentes ámbitos, además que se les recuerda a los jóvenes sus referentes que permiten anclar el tema de la identidad.
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Para el autor, Juan Carlos Morales Mejía, estos representantes muestran una generosidad sin límites lo que comprueba que los pueblos que surgen son los que dejan a un lado las mezquindades. Fue una experiencia maravillosa, dice, poder conversar con cada una de las personas que trajo, a su vez, las voces de mis ancestros, y seguro que así lo sentirán los lectores.
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Para realizar el proyecto el equipo se desplegó por toda la provincia y los personajes fueron elegidos por un concejo editorial que, obviamente, trazó una cartografía como una primera parte de las historias que aún se deberían contar. Esta experiencia la conforman: Juan Carlos Morales Mejía, autor, concepto y fotografía;  Fernando Gudiño, cámaras y edición; Gisela Caranqui, asistente de investigación; Karen León, locución; María Alejandra Almeida y Belén Ávalos, asistentes; Rómulo Moya Peralta, de Trama, gestión en blanco y negro, y todo el producto puesto en escena por el diseñador Renato Clerque, de Centauro.

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FAUSTO YÉPEZ ALMEIDA
Personaje ibarreño quien ha rescatado la música nacional, de los denominados pasillos y constituye un referente de identidad. Su local, la Farmacia Ibarra, es un sitio potencial de turismo por sus colecciones diversas.





 
NELSON TORRES GORDILLO
Representante del cantón Urcuquí, este ciudadano es parte de lo que se ha denominado la ruta del turismo rural, puesto que vive en la parroquia de Pablo Arenas y entre sus actividades está mostrar la riqueza del campo, especialmente los sembradíos de maíz, en esta población que celebra la Fiesta del Maíz.

DANIEL SUÁREZ BENÍTEZ
Del cantón Otavalo, este personaje es un activo exponente del deporte, como el juego de pipón, actividades lúdicas como el ajedrez, además de ser un deportista activo y representante del Ecuador ante torneos de billar. Por su condición, además, es parte del importante segmento poblacional de ecuatorianos con capacidades especiales.




LAURA UNDA MORENO
Heredera del más tradicional de los elementos gastronómicos del cantón Cotacachi –las carnes coloradas- es un referente indiscutible de una población que, además de los artículos de cuero, potencia el turismo gastronómico.

LUIS ANÍBAL LÓPEZ
Genuino representante del cantón Pimampiro, este personaje es el animador de una de las fiestas más importantes del Ecuador: los Años Viejos. Por intermedio de su creatividad, al realizar obras teatrales y la escritura de los llamados “testamentos”, López es parte vital de la cultura popular.

ALCIDES MONTESDEOCA
La población de San Antonio de Ibarra es un ícono de la imaginería popular, desde finales del siglo XIX. Alcides Montesdeoca es el heredero de esta tradición que nació con la destrucción de las imágenes tras el terremoto de 1868. Reconocido a nivel internacional –como las andas de Popayán- Montesdeoca es el mayor referente de esta población de talladores de madera.

HERNÁN JARAMILLO CISNEROS
Otavalo, el centro de mercado artesanal más grande de América Latina, le debe mucho a sus textiles. Introducidos masivamente durante la época colonial, por medio de obrajes, las artesanías otavaleñas se conocen en el mundo. Este personaje ha dedicado gran parte de su vida a investigar las denominadas fajas, que nos remontan a la época prehispánica, y son aún parte sustancia del Mercado de Ponchos de Otavalo, una iniciativa del Instituto Otavaleño de Antropología, IOA, donde Jaramillo ha sido su director.

JOSÉ PICUASI CÓRDOVA
El turismo cultural en Imbabura tiene a los yachacs –o brujos andinos- de Ilumán a sus mayores representantes. Respectivamente organizados, los más de 100 yachacs tienen a José Picuasi Córdova como uno de sus referentes. Conocer su historia, además de los vínculos con las deidades del Taita Imbabura, es parte de la estrategia de valorar la diversidad de la provincia.

SEGUNDO SILVA
En algunos parques de la provincia, aún sobreviven los llamados fotógrafos de manga, que son un atractivo para el turismo. Dentro de esa línea de la fotografía, los fotógrafos de retrato en estudio son parte vital de la memoria de las imágenes. Segundo Silva, por más de 40 años, ha fotografiado a los imbabureños y, en breve, su legado de archivo pasará como donación a la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

YOLANDA CABRERA RODRÍGUEZ
La fiesta de Otavalo no puede existir sin la chicha del Yamor. Yolanda Cabrera Rodríguez es la depositaria de esta costumbre ancestral –que viene desde los llamados Señoríos Étnicos, de los caranquis- que se expende en su local. Además, como parte de las costumbres populares conserva el pesebre más grande de Imbabura, durante las festividades de la natividad.

 
 
MARÍA MAGDALENA, ROSA ELENA Y GLORIA PAVÓN
Las reconocidas Tres Marías de Chalguayacu, declaradas Patrimonio Vivo del Ecuador, son representantes musicales afroecuatorianas, quienes viven en el Valle del Chota, donde se realiza la celebración más grande de la negritud. Por medio de su historia de vida, podemos conocer parte de la oralidad así como la música afro.

HUMBERTO SALGADO GRIJALVA
La actual Fábrica Imbabura, convertida en Museo, representa la historia del cantón Antonio Ante, desde la década de finales del 20, del siglo pasado, con su producción textilera. Conocer a los personajes que intervinieron en esa historia es parte de la propuesta de difusión de este espacio ahora cultural.

MANUEL VALLEJOS PAREDES
La Fábrica Imbabura aún cuenta sus historias. Vallejos, quien se inició como obrero, es parte profunda de esta industria que ahora tiene a Atuntaqui como la Feria de Moda más grande de Ecuador. Relievar la cotidianidad de la vida en la fábrica, es también una tarea en lo que se conoce como historias alternativas.

Puede descargar el libro Historia de Saberes
 

 
 

El retorno a Ibarra

El 16 de agosto de 1868 aconteció el denominado terremoto de Ibarra, aunque afectó a toda la provincia de Imbabura, con un saldo de 20.000 muertos, aproximadamente. En la urbe, de unos 7.200 habitantes, perecieron cerca de 5.000. A la una y cuarto de la madrugada de ese domingo se escucha el tremor de la tierra. En tres segundos, según refieren los cronistas, la bellísima Villa, como la conocían en la Colonia, es arrasada por uno de los terremotos más violentos que se tenga noticia, en un territorio donde las fuerzas telúricas no pactan con los dioses y se enfurecen cuando quieren.
Precisamente en abril se celebran las Fiestas de El Retorno, que conmemora el regreso de los ibarreños. Esto porque, tras el sismo, cuatro largos años vivieron los 550 sobrevivientes en Santa María de La Esperanza. De cuando en cuando, volvían a su amada tierra y, aunque los ánimos estaban divididos, resolvieron el reasentamiento en el mismo lugar. El ímpetu de Gabriel García Moreno, entonces presidente de Ecuador, fue decisivo.
Tras el sismo, cuatro largos años vivieron los 550 sobrevivientes en Santa María de La Esperanza. De cuando en cuando, volvían a su amada tierra.Así, desde el 13 de abril de 1872 comienza el retorno de los ibarreños desde La Esperanza. “Entusiastas caravanas van cumpliendo la orden de retornar; unas, la mayoría, a pie; otras, a caballo; los enseres a lomo de mula, y en carretas haladas por yuntas de bueyes, las cargas más pesadas, que van lentas pero más seguras. El 28 de abril, un nuevo domingo y fiesta de la Virgen de las Mercedes, “se bendice a la ciudad y a nuestra cara patria”, según informa el gobernador Juan Manuel España.
El canónigo Mariano Acosta proclama un emotivo discurso:
“¡Ibarra! Patria mía, levántate del seno de las ruinas, y la diestra del Altísimo te embellecerá. Tus calles serán espaciosas y pobladas. Tus plazas hermosas y afluidas de gentes de los mares. Un ángel de Dios velará en las alturas de tus Andes, para contener los desenfrenos de la naturaleza; y dejará el horizonte al amanecer de los felices días que te esperan”.
Por su parte, José Nicolás Vaca, que estuvo durante los cuatro años en La Esperanza, dice que esta fecha de 1872 tiene un significado similar a la fundación realizada en 1606, auspiciada por Miguel de Ibarra, cuando pensaba  “por dicho paraje abrir el camino más breve para Panamá”. Ibarra, nuevamente, da la espalda al mar, pero no por largo tiempo. No falta mucho para que el sueño de la llegada del tren alborote a los ibarreños de inicios del siglo XX y terminen, en 1957, el tren a San Lorenzo.
Un magnífico mural de José Villarreal Miranda, en la Casa de la Cultura, Núcleo de Imbabura, evoca esos momentos decisivos para Ibarra.
 

domingo, 30 de marzo de 2014

El diablo de los extramuros


Las ciudades primigenias -en el ámbito europeo- estaban construidas con inmensas fortificaciones, para evitar el asedio de los enemigos. Está el caso de la mítica Troya, encontrada merced a la arqueología. Están las hermosas descripciones en las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, para el caso de Toledo, donde, en el relato de El beso, nos habla de los soldados franceses, quienes fueron a dormir en una vieja y desolada iglesia, y lo que aconteció con las estatuas.
Cuando los conquistadores llegaron a nuestra América la arquitectura cambió (La ciudad letrada, de Ángel Rama, es fundamental sobre estos tópicos). Primero, porque no tenían el asedio de los moros. Lo que no constituía como parte de la urbe, fundada con horca en medio de la plaza, pasaba literalmente a ser considerado como extramuros. Aunque, claro está, nuestras ciudades coloniales no tenían esos muros al estilo de Ávila.

La Caja Ronca y su diablo también recorrían el tradicional barrio ibarreño de San Juan Calle, donde se encuentra el actual cementerio. 

Al realizar un estudio cartográfico de los mitos de las ciudades, la leyenda de la Caja Ronca –aquella procesión del infierno, que lleva a penitentes y cadenas– se ubica precisamente en los extramuros.

Ilustración José Villarreal, La Caja Ronca

El recorrido del siniestro cortejo fúnebre era, para el caso de Ibarra, por el denominado Quiche Callejón, en las actuales calles Maldonado y Colón, un lugar donde terminaba la ciudad. El sector se llamaba antiguamente el barrio de San Felipe y, antes del terremoto de 1868, que devastó la urbe, se sabe que estaba colocada una cruz, que no es otra cosa que el indicio de una probable pacarina, es decir, un sitio sagrado para la cultura prehispánica. En lo referente a Quito, este mito se ubicaba arriba de la Cruz Verde y, como notará el lector, otra vez aparece la simbología de la cruz que desterró a los antiguos sitios de veneración de las culturas ancestrales.
En la temprana colonia, los curas doctrineros tenían como costumbre poner los símbolos cristianos –grutas o cruces– para disuadir a los antiguos habitantes de sus lugares sagrados especialmente relacionados con el agua, dadora de vida. Como sea, la Caja Ronca y su diablo también recorrían el tradicional barrio ibarreño de San Juan Calle, donde se encuentra el actual cementerio.

Ese mundo insano del extramuros sería también una manera de exclusión del mundo andino y de sus mitos (los duendes viven únicamente en las quebradas o cascadas). Porque en el centro, en la Catedral, era el lugar de la Viuda o la Vergonzante del Pretil, que son visiones más coloniales. Mas hay extramuros simbólicos aún presentes en nuestras ciudades: el centro y la periferia, el lugar del shopping center y el lugar del chaquiñán.



sábado, 22 de marzo de 2014

Fray Agustín Moreno

De los ritos humanos hay uno singular: el develamiento de un retrato al óleo. Más aún si esa pintura estará colgada junto a personajes memorables. Hay lienzos solemnes, como los pintados por Rafael Troya o los Salas, para hablar de los ecuatorianos.
Pero están también los cuadros que no existen, porque son una promesa, como evoca Borges en el poema ‘El regalo interminable’: “Un pintor nos prometió un cuadro. Ahora, en New England, sé que ha muerto. Sentí, como otras veces, la tristeza de comprender que somos como un sueño. Pensé en el hombre y en el cuadro perdidos. (Solo los dioses pueden prometer, porque son inmortales.)”.
El pasado miércoles, en la Academia Nacional de Historia, se mostró al público la pintura de fray Agustín Moreno Proaño, realizada por el pintor cotopaxense Angeloni Tapia. En el acto -mientras otros cuadros nos miraban desde el pasado-, el director de la Academia, Jorge Núñez, realizó una semblanza de quien ha trabajado incansablemente por el arte religioso ecuatoriano, preservándolo en sus doctos libros.
Fue la oportunidad, además, para rendir un homenaje a este historiador, nacido en Cotacachi, pero ciudadano del mundoFue la oportunidad, además, para rendir un homenaje a este historiador, nacido en Cotacachi, pero ciudadano del mundo, que nos ha devuelto el amor por el Quito eterno, como titula uno de sus libros. Acaso su empresa de toda una vida sea el libro sobre los frailes Jodoco Rique y Pedro Gocial, quienes en el siglo XVI construyeron el magnífico convento de San Francisco, donde -en una de sus celdas- habita este hombre que se atrevió a salir del scriptorium.
A sus 93 años, Moreno conserva la jovialidad de toda una vida, no exenta de una fina ironía que, en su caso, no es un lugar común. En su intervención, habló de una obra que lo marcó de niño: las singulares aventuras de Don Quijote. Habló de su padre muerto a los 29 años y de su amor por la palabra. Rememoró a los antiguos historiadores, enumeró, como en el poema borgiano, los cuadros que faltan, y dijo sentirse un vínculo con las nuevas generaciones.
Contó sobre sus diálogos con el también historiador de arte religioso padre José María Vargas, allá en el convento de Santo Domingo. Y, claro, escucharlo fue como estar en una tertulia donde el esplendor del barroco inundaba el ambiente.
Debemos tanto a la sapiencia de este historiador que no queda más que acudir a Virgilio: “Mientras el río corra, los montes hagan sombra y en el cielo haya estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido”. Gracias, fray Agustín, también los hombres que cuentan las historias pueden ser inmortales, como los lienzos que burlan al tiempo.

jueves, 20 de marzo de 2014

Libro Imbabura se presentará en Alemania



El libro Imbabura, que incluyó una exposición de cajas de luz, será exhibido como parte de la Feria del Libro en Leipzg, Alemania. Así lo dio a conocer Helena García Moreno, artista plástica imbabureña radicada en ese país y quien realizará la presentación en lo que se conoce como un Kunstraum, un espacio para el arte.

El libro, editado en junio de 2013 a propósito de los 189 años de creación de la provincia y que también ha sido liberado en internet, pertenece al escritor Juan Carlos Morales Mejía, recientemente incorporado a la Academia Nacional de Historia de Ecuador, con una ponencia en torno a la mitología. 

La obra, además, ha sido parte de la propuesta cultural del Gobierno Provincial de Imbabura, cuyo prefecto Diego García Pozo, presentará en las próximas semanas Historia de saberes, un homenaje a los personajes imbabureños, que incluye una campaña de valores para televisión e internet. El libro fue impreso en diciembre pasado como parte de una política de promover la identidad imbabureña.

En lo referente al libro Imbabura, que sirvió de base para los carteles promocionales de la provincia, su presencia será en Artescena, un centro cultural en un barrio tradicional al nordeste del Muro de Berlín, que apoya con su espacio a los diversos eventos que se realizan en la ciudad en esta cita con los libros.

La Feria del Libro de Leipzig es la Feria del Libro más antigua de Europa además la feria con el mayor número de visitantes. Al igual que su otra famosa Feria, que data del siglo XII y constituye en uno de los predios feriales más grandes del mundo, la del Libro es una ventana abierta a diversas culturas, por lo que será importante que la provincia de Imbabura también esté presente.

El área de exposiciones de la Feria de Leipzig ocupa 69.000 metros cuadrados. Un cuarto de esa superficie ha sido acaparada por las editoriales dedicadas exclusivamente a los menores. Este año ha habido novedades: a los cerca de 450 eventos especiales para lectores jóvenes se han sumado la entrega del premio al mejor texto escolar y diversas actividades para fomentar el hábito de la lectura. “Casi un tercio de nuestros visitantes tiene menos de 21 años”, asegura el director de la Feria del Libro de Leipzig, Oliver Zille.

“Eso incluye a los 25.000 estudiantes que vienen juntos a la feria, como parte de sus actividades académicas”, dice Zille, agregando que este año han venido 163.000 personas a la exposición; tantas como en otros años. Mientras que la feria del libro más grande del mundo, la de Fráncfort del Meno, sólo está abierta para los profesionales del mundo editorial, la de Leipzig es de libre acceso para todos. Eso es algo que las casas editoras agradecen; es en Leipzig donde ellas entran en contacto directo con los lectores y los libreros.