sábado, 8 de agosto de 2020

El Chinchinal, canción emblemática, 2020/08/06

 

 

Los pueblos tienen canciones que nacen de épocas difíciles. Así, para hablar de Ecuador, tenemos el caso de Carpuela linda, que fue concebida por Milton Tadeo cuando miró a su casa perderse tras la correntada del río Chota. Este día hablaremos de otro tema emblemático:


“Sobre esa desnuda roca /
lloraba sangre mi corazón /
al ver la larga distancia /
que está mi amor”.

Se trata del Chinchinal, de letra y música en conjunto de Víctor Ruiz Arboleda y Efraín Gómez de la Torre.

Rosa Cecilia Ramírez en el libro Memorias de Mira nos cuenta su historia. Durante la década de los 40, del siglo anterior, se construía la línea férrea Ibarra-San Lorenzo, y se presentó la gran oportunidad de trabajo para los habitantes de este pueblo. “Un peón ganaba un real diario, es decir 10 centavos de sucre, mientras en el ferrocarril el diario era de un sucre. Esto motivó la migración masiva de pobladores de diferentes lugares y preferentemente de Mira, dice don Alfredo Urresta, en una entrevista hecha en 1980.

Al encontrarse en circunstancias tristes y penosas, dada la dureza del trabajo que desempeñaban, la lejanía del hogar y la familia, nace la canción del Chinchinal, nombre del lugar en que se encontraban trabajando, pertenece geográficamente a la provincia de Imbabura y se localiza frente a Tulquizán (Carchi).

El toponímico se debe a que aquí existía gran cantidad de chinchines, árboles pequeños con flores amarillas, hojas ovaladas las que al llegar la noche se juntan por su envés para dormir, hacen racimos de vainas que al secarse y moverse con el viento producen un sonido que hace chin-chín. Los creadores precisamente de esta canción, ya citados, eran trabajadores de la línea férrea y se supone que miraban la colina mientras ahogaban sus penas:


“Las faldas donde existía /
son cabeceras del Achotal /
Dios quiso poner mis manos /
sobre esta roca del Chinchinal /
para divisar mi tierra /
¿Dónde estará? /
¡Ay! corazón de mi alma /
¿Dónde estará? /
!Ay! corazón de mi alma /
¿qué hará sin mí?”.

(O)

 

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/15/chinchinal-cancion-emblematica-juan-carlos-morales

Rafael Troya espera en Ibarra, 2020/07/30

 

Ibarra cuenta con la obra más representativa del pintor del paisaje Rafael Troya Jaramillo (Ibarra, 1845-1920). Se encuentra en el Salón de los Clásicos, en el Centro Cultural El Cuartel. Aquí un acercamiento.

Los cristos sangrantes de la época colonial debían quedar atrás. El nacimiento de las repúblicas clamaban nuevas temas para el arte. Había que inaugurar todo. Dejar la oscuridad y las cadenas. Una nueva luz –siguiendo a la Ilustración- debía bañar a estas tierras aún inhóspitas. Dos corrientes se mezclaron a finales del siglo XIX: neoclasicismo, presente en la pintura histórica, y romanticismo, donde la naturaleza adquiere un sentido sacro. Estas tendencias del arte a finales del XIX se remiten a lo bello (orden, forma y color), lo sublime (elevación del espíritu) y lo pintoresco (placer de lo singular).

“Alexander von Humboldt descubrió en tres años lo que los españoles no lograron en tres siglos”, dijo Simón Bolívar. Así, los nuevos naturalistas llegaron al recién creado Ecuador y precisaban capturar el paisaje para fines científicos. La misión alemana de Alphons Alphons Stübel y Wilhelm Reiss contrata al joven Rafael Troya para documentar en 160 lienzos a este país de volcanes, que tenía subyugados a los viajeros del XIX, pero que a ojos de los lugareños pasaban desapercibidos. Ese es el mérito de Troya: lograr que –por primera vez- el paisaje de Ecuador se convierta en un símbolo.  


Refiriéndose al pintor ibarreño, Xavier Puig Peñalosa señala: “Sus paisajes son únicos en lo que tienen de estilo propio, de neta creación, de profundo sentimiento. Una obra –en definitiva- que trasciende a los localismos y a la propia geografía (a pesar de que toma inicialmente a éstos como motivos) para erigirse con pleno derecho, en un arte de resonancias y alcances universales”. Alexandra Kennedy Troya, por su parte, analiza la obra como la construcción de un imaginario icónico del gobierno de Gabriel García Moreno que trató de unificar ciencia y religión, donde el paisaje de los volcanes estaría presente. (O)

https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/15/rafael-troya-ibarra-juan-carlos-morales

Las flechas del yagé, 2020/07/23

El mundo de la Amazonía está poblado de mitologías. Cada uno de sus pueblos tiene sorprendentes saberes que, lamentablemente, el país aún no conoce a plenitud. Son muchas las razones. Acaso la principal sea el complejo que aún tenemos sobre nuestra propia historia. Está, por ejemplo, el caso de Jempe, el colibrí que entrega el fuego a los shuar o la enigmática boa, conocida como Arutam, parte también de la simbología de los pueblos de la cordillera. Mucho le debe el país a la Amazonía, pero aún creemos que únicamente está el tema del petróleo. Aquí, comparto uno de los mitos fundacionales cofán.

Un día Chiga tomó un bejuco y se dispuso a preparar el yagé. Encendió el fuego y removió. El yagé cofán o ayahuasca, como lo llaman los quichuas, hirvió mientras afuera las loras se alborotaron. Aspiró hondo y bebió profusamente. Y fue entonces que Chiga se tambaleó y entró a su primera borrachera. Con el yagé Chiga se puso a llorar como un humano, como si tuviera penas.

Por este motivo, los cofán que no pueden aguantar con la borrachera tienen que patalear, llorar o tambalearse tal como en su tiempo lo hizo Chiga. Hay quienes pueden seguir ingiriendo el yagé, pero otros tienen miedo. Mas, todos saben que fue Chiga el que hizo nacer el yagé.

A veces, cuando un shamán está tomado sale a conversar con los palos o con las piedras y ve loras donde antes había hojas verdes. Ellos miran lo que otros no distinguen, como percibir a Chiga cuando se entierra en el agua. Con el yagé aprecian donde cae la luna y de dónde nace el sol.

Otras ocasiones, cuando un shamán entra en trance saca de su carcaj una flecha. Levanta el arco y otea el horizonte. Dispara la flecha en dirección a la morada de un enemigo, con quien tiene cuentas pendientes. Nadie lo observa porque las saetas son invisibles. Mientras la bebida pasa de mano en mano una flecha hace tambalear a alguien distante que ni siquiera ha olido el yagé, aunque esta vez no podrá levantarse. (O)

https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/15/flechas-yague

 

viernes, 17 de julio de 2020

Batalla de Ibarra


  Publicación en el Diario El Norte








Puede descargar dos documentos: Ensayo y libro
 Ensayo El Libertador enfrenta al realista Agualongo








2013 Libro Batalla de Ibarra






Melvin Hoyos al Premio Espejo, 2020/07/16


Cuando en 1992 Melvin Hoyos Galarza ingresó al sótano de la Biblioteca Municipal de Guayaquil –donde en invierno el agua llegaba a 40 centímetros desde el suelo anegando los archivos históricos- lo recibieron más de un centenar de murciélagos, como si se tratara de la cueva de Ciudad Gótica y sus guasones en estampida. Esa fue su primera impresión. En medio del olor a humedad, atisbo a mirar una carpeta de raso rojo mordisqueada por las ratas en sus bordes. Constató que se trataba de la partitura original del Himno Nacional del Ecuador, escrito de puño y letra por el músico francés Antonio Neumane.

A sus 36 años, había que dejar la desidia –por ser amable- de la anterior administración pseudo populista. La tarea contra la desmemoria fue ardua. A lo largo de estas décadas de administración socialcristiana Hoyos –el director de Cultura porteño quien es arquitecto e historiador- logró crear políticas culturales sin precedentes.

1.780.000 libros reposan ahora en las estanterías del edificio, cercano al parque donde pasean las iguanas (600.000 obras permanecen en aireados repositorios), junto con un plan editorial de más de 300 títulos que van desde textos para la juventud guayaquileña hasta libros memorables de fotografías de esa urbe de antaño con olor a ría. Su labor ha sido encomiable: reinauguración del Museo Municipal, Museo Itinerante, rediseño del Museo del Comité Olímpico Ecuatoriano, apoyo a la gestión cultural como festivales de toda índole, cómics, sin olvidar el pasado de los Manteño-Huancavilca, porque los orígenes son la mejor brújula.

Hoyos confiesa seguir los preceptos libertarios de los héroes independentistas, bajo la mirada de Olmedo. Ahora, su nombre está postulado al prestigioso reconocimiento nacional Eugenio Espejo, otro bibliotecario quien germinó con sus ideas lo que sería la República. Largos años han pasado desde que Hoyos expulsó a los murciélagos, que ahora revolotean por otros lares. La gratitud es la memoria del corazón, escribió Lao Tsé. (O)

sábado, 11 de julio de 2020

La avioneta Cherokee y el diablo, 2020/07/09




Ni el vuelo 571 en un Fairchild Hiller FH-227 perteneciente a la Fuerza Aérea Uruguaya, que llevaba en 1972 al equipo de rugby del Old Christians –que después inspiraría la saga de los sobrevivientes de 72 días en los Andes- tuvo tanto impacto en nuestro país como el desplome en el desierto peruano de la avioneta tipo Piper PA-32 Cherokee Six, de propiedad de Alfredo Adum Ziadé. Había un detalle: llevaba a los ahora desmemoriados Daniel Salcedo Bonilla y la modelo Jocelyn Mieles, mientras el hijo del pastor huía de la justicia.

En el primer accidente, hasta que el arriero Sergio Hilario Catalán encontró a dos supervivientes, los ilesos –ante la situación extrema- habían decidido comerse a sus compañeros antes de morir de inanición (práctica conocida como antropofagia). El segundo caso, en la terminología policial, develó supuestas implicaciones en la compra de fundas para cadáveres, en plena pandemia en el hospital Ceibos, a un precio de $ 148,50 cuando el costo real es de 12 (práctica, de ser probada, une peculado y fraude procesal).

Salcedo, quien prestó su casa en Miami a Dalo Bucaram y sus allegados dicen que le tentó el diablo, sobrevivió al choque de la avioneta, pero entre sus papeles encontraron su carné de discapacidad con el 41% (su hermano Noe, con nombre bíblico, tiene 42%), lo que –atando cabos- llevó a una vergüenza más para el país: políticos, jueces, jugadores de fútbol (algunos presumen sus cuerpos en redes) fraudulentamente juran ser discapacitados para hacerse con autos de lujo.

El obispo Beltram, disponible en YouTube, pide la renuncia de los implicados. Citando a Isaías 59.3 clama indignado: “Porque vuestras manos están manchadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios hablan mentira, vuestra lengua murmura maldad”. Hay que parafrasear a Ernesto Cardenal: Escucha mis palabras oh Señor / Escucha mi protesta / porque no eres tú un Dios amigo de los ladrones…/ que no disfruten de sus autos de alta gama hasta el día de la Bestia. (O)