domingo, 15 de octubre de 2017

Animalanzas Para Niños, Zorrito y Burrito

Animalanzas Para Niños

Zorrito, en la mirada de su creadora Eulalia Cornejo. Gracias, por su magia y su profundo amor por el Arte.



Zorrito y Burrito en el camino a Urcuquí, en Imbabura.


















Zorrito mañana sale a Esmeraldas… Tierra de seres libres, quienes burlaron a las podridas carabelas… Matumbalé, matumbalé, como diría el poeta Antonio Preciado...


Zorrito en Esmeraldas, mientras disfruta del libro Animalanzas ilustrado por Eulalia Cornejo.



Zorrito en su lectura matinal de Animalanzas…




Día de los ANIMALES. Esto decía Walt Whitman: “Creo que podría vivir con los animales / son tan secretos y tan plácidos / me detengo y me demoro mirándolos… / Ni uno solo anda en esa locura de tener cosas/ Ni uno solo es más decente o más desdichado, en toda la faz de la Tierra”





Zorrito y Burrito en el jardín acuático de José Villarreal, en Chorlaví, Imbabura.






Los guaguas pintan a Ibarra

En la página http://guaguasdeibarra.com/ se indica:



“En aprender a pintar como los pintores del renacimiento tardé unos años; pintar como los niños me llevó toda la vida- Pablo Picasso

Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos- Antoine de Saint-Exupéry

Dejamos de ser un poco seres humanos el día en que perdemos el asombro de los niños- Meng Tse, siglo III, antes de N.E

El arte, como decía el poeta Rubén Darío, es una tarea de locos. Desde que Aristóteles separó en ciencias blandas y ciencias duras, los caminos de la sensibilidad –en este caso de la identidad- siempre han sido incomprendidos. Pero cómo se construye un pueblo sino es a partir de dos preguntas básicas que se hicieron los griegos hace más de dos milenios: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? Al tener estas respuestas podemos saber hacia dónde vamos. Esa es la premisa de este proyecto de pintura con niños y niñas, una iniciativa del Departamento de Cultura y Patrimonio, del cantón Ibarra, que tiene un equipo diverso y comprometido. Este es un proyecto de construcción de imaginarios de la capital de Imbabura, en Ecuador. Es una apuesta al futuro: desde la paleta de un niño también puede hablar una ciudad posible.

Metodología

La corriente pictórica del impresionismo, a finales del XIX, revolucionó al arte: dejó la comodidad del estudio e interrogó a la luz de los espacios exteriores. Deconstruyó los planos y se olvidó de la perspectiva. Era como si unos pintores se hubieran vuelto niños, por su ingenuidad alejados de la domesticación del sistema. Bajo esta premisa este proyecto convocó a los niños y niñas de Ibarra, no para darles clases de pintura sino para colocarlos de frente a sus 7 ICONOS históricos: el tren, su laguna, sus iglesias de estilo ecléctico y sus edificios emblemáticos, su mítica palmera y también, porque la gastronomía es patrimonio, sus sabores.

Obviamente, se requiere una nueva pedagogía del arte, más que alternativa, que incluye a mediadores. Esta herramienta pedagógica estimula lo más complejo: una abstracción que no limita la capacidad de imaginar. Con algo adicional: una expresión que permite encontrar el mundo interior. Como dice Kit White, el arte describe el mundo en el que se inscribe. Ahí reside su valor. Nos cuenta dónde hemos estado y dónde estamos.

Ojalá esta experiencia con el arte permita que los niños y niñas conozcan su legado también sea motivo de un orgullo por su tierra.


Créditos
Álvaro Castillo Aguirre
Alcalde GAD- Ibarra

Juan Carlos Morales Mejía / Concepto
Director de Cultura y Patrimonio - GAD Ibarra

Marcelo Manosalvas - Coordinador mediaciones

Carla Cifuentes, Miguel Farinango, Miguel Franco, Jorge Lara, Ángel López, Jairo Pérez, Evelyn Quintana, Javier Salazar, Alba Terán, Raúl Toaquiza, Katherine Túquerrez, Jorge Yépez

GRUPO DE TEATRO ALKIMIA
Eddy Alulema, Director, Hugo Fuertes, Lenin Camargo y Gabriela Chamorro

Cómplices
Eulalia Cornejo - Diseño Cartel

Fernando Gudiño – Audiovisuales”













La última carta del 'Che'

“Queridos viejos: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo”, escribía en la carta de despedida a sus padres, el 1 de abril de 1965, Ernesto ‘Che’ Guevara, y recalcaba el hijo pródigo, como se nombraba: “Acuérdense de vez en cuando de este pequeño condottieri del siglo XX” (la palabra en italiano refiere a los condotieros, mercenarios medievales, que consideraban a la guerra como un arte).

El propósito de Cervantes al escribir sobre el Caballero de la Triste Figura era una crítica a las novelas de caballería, ahora podemos constatar -también por la guerra de las imágenes siguiendo a Serge Gruzinsnski- que el ‘guerrillero heroico’ puede servir para muchos fines, como la famosa fotografía del ‘Che’, tomada y liberada por Alberto Korda, que ha sufrido un vaciamiento de su contenido, asimilada por la cultura de masas que la exhibe en camisetas. “Yo también tengo un afiche de ustedes. F. ‘Che’ Guevara”, se leía en un grafiti.  

Una mezcla de héroe romántico o Quijote, de paladín para quienes se han apropiado de su imagen o simplemente de souvenir, porque siempre existirán lecturas de sus proezas o vilezas, desde el lugar del río donde miremos su figura. “En los dos últimos años de su vida, Ernesto Guevara personificaba al revolucionario desolado, el ‘perdedor radical’ de que hablara Hans Magnus Enzensberger: el soldado que va a la batalla sospechándola perdida de antemano”, escribe Rafael Rojas, en El País. Y, claro, era más que eso porque quedan pendientes sus disputas con la línea prosoviética en Cuba que, a la postre, lo llevaron a las ‘aventuras’ en el Congo y Bolivia.

Bolívar Echeverría escribió en 1967 sobre el ‘Che’ y la construcción del ‘hombre nuevo’: “La rebeldía, el romanticismo (en un sentido estricto, no en el de una novela banal) y la aventura -el pecado original, según la opinión de los pseudocomunistas- que caracterizan su juventud fueron resultado de una proletarización ética”.

Tras 50 años, los símbolos entrecruzan personajes. Así, en la obra de teatro Ladran Che, de Carlos Alsina, de influencia cervantina, el uno va por los caminos de La Mancha (con lanza, escudo y yelmo) y Rocinante, el otro lo sigue por la selva (con una mochila-botiquín) y una motocicleta, en su primer viaje, para buscar “una esperanza que nunca acaba, un medio para ponerse a salvo del olvido”.

Ernesto Sabato, siguiendo la carta a sus padres de tono medio en broma, habla sobre su ideal escondido: Don Quijote: “El hombre puro de corazón, lanza en ristre y coraje invencible, no solo para enfrentar a la mediocridad de los acomodados y razonables, pronto a luchar en medio de risotadas por los desamparados, por los humillados y ofendidos.

El ideal de un caballero español, encarnado ahora en un hombre que antes que nada era eso: un hidalgo pobre de una raza inmortal, un joven, enfermo y generoso hidalgo dispuesto a enfrentar a los poderosos y mezquinos”. Hay un hombre que nos mira desde la selva, escribió Julio Cortázar. El ‘Che’, acaso, ya no sea el que andaba por las calles populosas, como Don Quijote ya no combate con Amadís de Gaula. (O)

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/la-ultima-carta-del-che

María Tejada y el pasillo

La primera pregunta planteada sobre el pasillo es sobre sus orígenes, a propósito de su reciente celebración en homenaje al día del nacimiento de Julio Jaramillo, que cada día canta mejor.

Mucho se ha discutido la paternidad del pasillo, a veces visto como una reivindicación del sentido de patria, pero es indiscutible que este género musical es producto, como todas las músicas, de profundas influencias. La investigación lo sitúa en el último cuarto del siglo XIX, en la época de Ignacio de Veintimilla, exactamente en 1877, procedente de Colombia, lo que no quiere decir que en el país tuviera sus características propias, como es el caso de Aparicio Córdova, quien compuso el pasillo ‘Los bandidos’.

En la consultoría ‘Validación del pasillo como Patrimonio Cultural de Ecuador’, de 2012, aparece también el tema de su etimología. Octavio Marulanda cree que es una derivación de la palabra española ‘paseíllo’, que designa un aire festivo popular. Es decir no sería una consecuencia, como se creía, del diminutivo de la palabra ‘paso’, por ‘pasito’, sino más bien de ‘paseo’. El término ‘pasillo’ está vinculado a las representaciones dancísticas relacionadas con la tauromaquia. De hecho, se sabe que en los siglos XVIII y XIX eran frecuentes las danzas que rememoraban las corridas de toros, como es el caso del ‘toro rabón’.

Un momento importante del pasillo es su ‘ecuatorianización’, después de la creación de pasillos bailables, cuando interrumpe la guitarra y permite la creación del llamado pasillo canción, donde se traspasaron las pautas de acompañamiento, permitiendo el denominado ‘sentimiento pasillero’. En este punto, es vital lo que se conoce como la ‘yaravización’ del pasillo, es decir la influencia y sincretismo musical desde el mundo andino, con la ‘pentafonización’ de su melodía y, en seguida, el protagonismo del texto poético que, sin lugar a dudas, hacen que el pasillo tenga una marca de Ecuador.

No hay que olvidar que todos estos procesos surgieron en medio de disputas que buscaban dotar al país de unas melodías que permitieran la construcción del sentido de nación. Pero como toda música, el pasillo también hizo su entrada a los sitios de bohemia y desde allí, la investigación alude a la urbanidad, a sus frustraciones y conflictos, en la primera mitad del siglo XX.

El género es, además, mestizo, porque en su naturaleza musical es visible la concurrencia de tradiciones musicales mediterráneas y andinas. Los hitos importantes, del pasado siglo, serían la industria fonográfica y la reactivación nacionalista, a propósito del conflicto con Perú de 1941.

Si me dieran a elegir tres pasillos serían ‘Invernal’, de José María Egas y música de Nicasio Safadi; y de los contemporáneos, ‘El espantapájaros’, del maestro Gerardo Guevara, instrumental. Además de las versiones de María Tejada quien, junto a Donald Régnier, tiene una de las claves del futuro de esta música (disponibles en YouTube, donde se puede consultar: ‘Pasillo ecuatoriano, música del mundo’). El tercero aún espera por la inspiración de Daniel Mancero. (O)

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/maria-tejada-y-el-pasillo




Ibarra, el reto tras 411 años

Ibarra celebra este día sus 411 años de fundación pero, al parecer, ha olvidado su origen. Está asentada en el valle de los Caranquis, el señorío étnico que floreció de 1250 a 1550 y que fue devastado por los incas. Después, llegaron otros intereses. De hecho, el fundador de 1606, el quiteño y encomendero Cristóbal de Troya, respondía a un reciente sueño de las élites textileras quiteñas de encontrar una ciudad que sirviera como ‘puerto de tierra’ entre el comercio entre Bogotá-Popayán-Quito.

El objetivo de la salida al Mar del Sur, es decir el océano Pacífico, fue un reto detenido por casi 400 años, primero por las cartas que enviaban desde Guayaquil a la Corona y después por la desidia. Recién hace dos décadas Ibarra tiene carretera vía San Lorenzo, aunque el tren llegó en 1957.

Acaso, el devastador terremoto de 1868 que destruyó la ciudad completamente fue una de las causas, pero también el centralismo de un país que no ha permitido, ni permite, que otras regiones surjan.

Aunque parezca inaudito, a inicios del siglo XXI la capital de Imbabura aún no cuenta con una carretera que la conecte con la Amazonía ecuatoriana, aunque faltan algo más de 40 kilómetros por Pimampiro. Imbabura, junto con Cañar, son las dos únicas provincias que no tienen conexión con el sector oriental que estaría a escasas 3 horas, cuando ahora son 14. ¿Cuántos siglos más se requieren?

Y esto porque hay implicaciones. Básicamente porque en la hora de las ciudades el comercio entre las dos vertientes de los océanos –es decir el Pacífico con el Atlántico- podría ser una realidad y en eso Manta trabaja en ese sentido. No hay que olvidar que al momento existe el proyecto del tren biocéanico entre Perú, Bolivia y Brasil que conectará el puerto brasileño de Santos con el peruano de Ilo, a través de Bolivia, para grandes volúmenes de carga, en un trayecto de 3.755 kilómetros a través de Sudamérica. Así, Brasil tendría una salida al Pacífico acortando en hasta 25 días el transporte comercial entre Brasil y China, según informa hace dos semanas el periódico ABC de España. Reporta, además, que China, Alemania e incluso Suiza han mostrado interés en financiar este proyecto que tiene avances del 85 por ciento.

En otras palabras, es preciso construir también una iniciativa –y un imaginario- entre el eje San Lorenzo-Ibarra-Nueva Loja-Manaos-Belén do Pará y, además, porque no se requiere de carreteras en el último tramo porque el Amazonas permite el transporte fluvial. Sin embargo, la llamada Zona 1, cuya visión es mirar el país de manera horizontal y no vertical, aún no termina de configurarse. Esto se debe a que las ciudades aún se tratan con recelo, como Ibarra y Otavalo, y el país mismo se mira para adentro.

Hay que recordar únicamente que el tren geopolítico pensado por Eloy Alfaro, hace más de un siglo, tenía como destino Iquitos. De hecho, fue el ‘tren más difícil del mundo’ el que unió al país a inicios del XX (Alfaro recién conoció Quito cuando llegó con sus montoneras). Conectar los dos mares podría ser el futuro de Ibarra, pero tiene que construirlo desde ahora. 



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Quito en clave de guadaña

Al hombre que cabalga largamente por tierras selváticas le acomete el deseo de una ciudad, nos dice Ítalo Calvino en Ciudades Invisibles. Pero qué le acomete a quien visita la Ciudad de los Muertos (la necrópolis), los cementerios que, como la sociedad misma, reflejan geografías, clases sociales, desigualdades, encuentros, memorias y olvidos. Frente a los nichos, lápidas, monumentos de mármoles de Carrara o tierra pisoteada, el espectador acaso se cuestiona sobre la metáfora del ser y estar.

En el famoso verso virgiliano, donde relata la escena de Eneas y la Sibila quienes bajaban al infierno, e Ibant obscuri sola sub nocte per umbram (iban oscuros bajo la noche solitaria por entre la sombra), la transposición del lenguaje no es otra cosa que la precariedad de la existencia. Y está el fulminante texto de Francisco de Quevedo y Villegas: ...su cuerpo dejarán, no su cuidado; / serán ceniza, mas tendrán sentido. / Polvo serán, mas polvo enamorado. Sin olvidar, las perdurables coplas que escribiera Jorge Manrique a la muerte de su padre en el siglo XV: Recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando…

Y esto porque tengo en mis manos el libro Historia de la muerte en Quito, del historiador Javier Gómez Jurado Zevallos así que, como el lector sabe, un texto remite a otro de manera especial cuando se trata de un tema que en definitiva creó las religiones y, sin duda, nos lleva a pensar sobre la fragilidad humana. Este tratado sobre la muerte no agota el tema de la otrora franciscana urbe sino que –merced a la rigurosa investigación- nos devela desde los orígenes y los rituales, pasando por las prácticas funerarias precolombinas, el tremendismo de la época colonial, los funestos sucesos de los magnicidios de finales del XIX o inicios del XX, presentes en los desdichados Gabriel García Moreno y Eloy Alfaro, así como los ajusticiamientos en nombre de una verdad única o los crímenes que asolaron la ciudad de las campanas. Todo esto, por lo que también se agradece al autor, con citas poéticas en torno al tema tratado así como una parte fundamental que es la cultura popular de guaguas de pan y colada morada, junto con fotografías históricas.

La obra devela los misterios de la Parca y su guadaña, que no distingue ni clases ni colores. Se lee por ejemplo, en sus 340 páginas, que el primer cementerio de la ciudad estuvo listo hacia 1538; que Cantuña tenía su propia lápida que aún se conserva; que la cabeza del virrey Blasco Núñez de Vela rodó en Iñaquito; que Sebastiana de Casso en el siglo XVII, cuando desenterraron su tumba, fue encontrada incorrupta; que Francisco Auqui –hijo de Atahualpa- testó en 1582 y dispuso cincuenta misas por su alma o el encomendero Rodrigo Salazar pagó una misa cantada “por las ánimas de los negros y negras que se me han muerto”; que José María Velasco Ibarra murió por amor... El libro es fascinante y leerlo es también un bálsamo. La muerte solo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida, escribió André Malraux.(O)

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El Cuartel de Ibarra y el arte

Los 411 años de celebración de la fundación de Ibarra trae buenas noticias: el emblemático edificio del Cuartel, ahora convertido en Centro Cultural, fue entregado oficialmente. La inspiración de este monumento patrimonial fue parte de la propuesta alfarista.

Ahora, sus salas albergan una muestra de la pintura paisajística de Rafael Troya, donde también sobresalen sus imponentes retratos, además de exposiciones temporales, así como una especial dedicada al antiguo señorío de los caranquis, para un espacio que definitivamente requiere del concurso de la empresa privada para proyectos de mayor envergadura, como la Bienal de Fotografía de Ibarra, que puede convertir a la capital de Imbabura en un referente, tal como la Bienal de Cuenca, especializada ahora en arte contemporáneo. Bien se sabe que el turismo, y de manera especial la identidad -es decir más allá del orgullo de sentirse parte de una colectividad está el tema de generación de ecosistemas culturales- precisan del concurso de todos.

El inicio de la construcción del Cuartel de Ibarra ocurre en el segundo mandato de Eloy Alfaro Delgado, quien, sin lugar a dudas, es el artífice de la consolidación del ejército ecuatoriano al volverlo innovador, profesional. Esto se logra con formación académica, alta disciplina militar y un elevado nivel cultural para la época. De hecho, en 1905 se inaugura la primera promoción de oficiales.

En 1906 se inaugura una nueva Constitución, liderada por Alfaro, y en su capítulo XIII, al referirse a las Fuerzas Armadas, señala: “El objeto de la fuerza pública es asegurar los derechos de la nación, en el exterior, y, en el interior, la ejecución de las leyes y el mantenimiento del orden público”.

Tras la época montonera, el segundo mandato de Alfaro precisa controlar el espacio institucional. Esa ‘toma de la plaza’, de manera simbólica, también constituye la realización del Cuartel de Ibarra, que serviría para consolidar el proyecto liberal ante la siempre arremetida conservadora. Había que pasar de las batallas en los montes a la consolidación en la urbe.

Pero hay antecedentes. El trágico acontecimiento del terremoto de Ibarra que causó, en toda la provincia, 20.000 muertos, afectó a todas las edificaciones de la urbe, que quedaron reducidas a escombros. Tras la reconstrucción en 1872, bajo la mirada atenta del presidente Gabriel García Moreno -artífice de la refundación- también se requería de un lugar adecuado para los militares que, al momento, se enfrentaban más que a enemigos internos a los externos, como las fuerzas políticas liberales de Colombia.

Desde finales del XIX el Cuartel de Ibarra –debido a los cambios políticos internos y externos- fue concebido para enfrentar diversas fuerzas. En la época garciana los intentos desestabilizadores llegados desde Colombia; en el alfarismo, las fuerzas que habían sido afectadas por las medidas liberales y, antes de concluir su construcción, nuevamente los elementos conservadores hacían su aparición. Estos vaivenes eran propios de esos tiempos volátiles. (O)

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