martes, 10 de mayo de 2016

El árbol de naranjo encantado, un mito originado en Guayaquil


En el siglo XVI, al fray Damián de Avendaño y Gamboa, prior del convento de Santo Domingo, le llegó una carta con unas semillas que alterarían a la ciudad.
Las noticias de los portentos del Nuevo Mundo llegan más rápidas que la pólvora. Se dice que hay una fruta llamada guanábana que es superior a la manzana y que su pulpa blanca -por más que se coma- no hace daño ni empacho. Por cartas, Gonzalo Fernández de Oviedo, habla del mamey y de la olorosa piña. Cuando se prueba el níspero, dice, queda en la cabeza zumbando un aroma que no el almizcle iguala. Cree que es la mejor fruta hasta que conoce a la dorada piña, y no halla palabras que merezcan sus virtudes.

Esta supera a todas, sentencia, como las plumas del pavo real resplandecen sobre las de cualquiera. Aún no se han pintado los fastuosos cuadros de la escuela quiteña, describiendo los prodigios de las frutas del Nuevo Mundo, pero todos hablan de esos portentos de la naturaleza, que florecen hasta sin cuidados.

Una anciana mujer, desde el puerto de Cádiz, ha traído con cuidado -desde sus heredades valencianas- un tesoro para enviarle a su hijo, a quien no ha visto hace años. Su hijo, Damián, ha cruzado el tenebroso mar, y después el mar de Balboa, hasta llegar a Santiago de Guayaquil, allá por el año de 1578.

Con ternura, escribe palabras perfumadas de lágrimas, contándole del niño que era en la villa de Cestona, allá en Guipúzcoa. Después regresa a ver y acerca sus manos como si con el postrer beso enviara también una bendición que pudiera burlar las distancias. Torna a mirar, por si la estuvieran espiando. Después, con celo, introduce esas diminutas joyas: son siete humildes pepitas de naranjo, que deben llegar a un remitente en Guayaquil: fray Damián de Avendaño y Gamboa, prior del convento de Santo Domingo, pero más que eso, su hijo.

Tras largos meses de travesías y burlando los calores y los mosquitos, la carta llega a su destino. Tras abrirla y leer con profusión las amadas líneas, las semillas son encontradas y contempladas como si se tratara de un prodigio. El prior no cabe de dicha al sembrar en el jardín del convento dominico ese precioso don que significa compartir las frutas venidas de allende el mar en carabela. Mientras riega las plantas piensa con qué orgullo repartiría las primeras frutas y después -con algo de vanidad- anhela que, acaso, su nombre se perpetuará con el recuerdo de esta hazaña. Sí, como ya se oye el nombre del franciscano fray Jodoco Ricke, quien introdujo el trigo en Quito y fue el primero en celebrar misa, con hostias hechas a la usanza del Viejo Mundo.

Desde que piensa en ese prestigio, no deja que nadie se acerque a los naranjos, que han encontrado una tierra más fértil que de donde vinieron. Con celo, a veces con temores infundados, el fray vigila sus siete plantas que aparecen lozanas. Anda por el convento, un mulatillo -como le dicen- llamado Martín, hijo de un español de abolengo, caballero de Alcántara, y de una guapa negra liberta de Panamá, de nombre Ana Velásquez. Su tutor es Mariano de la Hoz y el mozuelo parece una ardilla dentro del clerical recinto. Leguito morenilla, también le nombran, pero con cariño. Tañe campanas, enciende cirios, reza novenas, recoge limosnas, remienda los hábitos de los frailes y, de cuando en cuando, espía a fray Damián regando sus naranjos.

Una mañana, víspera de Santo Domingo, se escucha un escándalo. El padre Damián, quien parece poseído por una legión de demonios, lanza injurias y amenazas y levanta las manos al cielo. La comunidad acude presurosa. Entre gritos entrecortados saben la causa: uno de los siete primorosos naranjitos ha sido robado del jardín.

El truhán, no cabe duda, es alguien que pretende defraudar los legítimos derechos de primacía de fray Damián de Avendaño y Gamboa, más aún cuando la planta ha sido sacada en un cuadrado perfecto conservando sus raíces para que no sufra el posterior trasplante, en otro sitio de Guayaquil. Lo que más le preocupa al clérigo es que, acaso con esta alevosa afrenta, no será el primero en probar las delicias de las primeras jugosas naranjas.

Oiga padre Naranjo, perdón, padre Damián, dice el padre Melchor de Mendiola, aproveche que ahora sube al púlpito para arengar contra el villano, ladrón de la mata de naranjos. Desde el púlpito se escucha las fulminaciones del fray ultrajado, quien ofrece la excomunión a los autores, cómplices y encubridores del hurto de su arbolillo. Y más, un reservado especial en la profundidad del infierno a quien oculte noticias del suceso, que se sospecha es parte de una confabulación de los propietarios de las fincas cercanas que se han enterado de portentoso secreto. Eso sí, un generoso perdón y absoluta reserva a quién, en cambio, confiese la culpa o denuncie a los pérfidos.

Hace poco ha pasado la fiesta del patrono y no hay rastros ni olor de naranjos. El sacerdote descansa en su celda y muerde su ira. Alguien se acerca en actitud humilde. Es el lego Martín, quien habla:

Reprima la cólera, bondadoso fray Damián, por lo del naranjito. Con humildad, le digo, que por una disposición que viene de lo Alto, la dicha planta ha sido transportada al cerro del Carmen, que nos da abrigo y sombra. Allí permanecerá y quienes lo encuentren se regocijarán de su fragancia, recordando -eso sí- vuesa Paternidad, por hacer conocer tan magnífico fruto en estas tierras de América.

Pero no se preocupe, será de sus seis naranjitos, de rosados vientres, de donde saldrán miles de semillas que se engendrarán en estas heredades, salvando distancias y edades, por estas tierras de generosos ríos. El cielo no permitirá que el séptimo naranjo produzca hasta el año que su merced tenga su cosecha. Además, viva seguro porque el naranjo del cerro no contendrá jamás semilla y únicamente podrá comerse al pie del árbol, porque así acordado está con la Suma Sapiencia.

Fray Damián escucha atónito el vaticinio del leguito Martín y, sin saberlo, se encuentra abrazado con sus ojos llenos de lágrimas. Los cronistas cuentan que tal árbol existió y que los abuelos y abuelas solían acudir hasta el cerro del Carmen y se encontraban con una fragancia sin igual, que emanaba de tan asombroso naranjo. Después de saborear su fruta, corrían para dar aviso, pero al volver o no hallaban el sitio preciso o simplemente había desaparecido. ¿Quién era el lego Martín? No era otro que Martín de Porres, el primer santo mulato de América quien apagaba los incendios con su mirada y a quien el obispo de Lima le tenía prohibido tantas hazañas aunque no pudo impedir que viajara en una leyenda para hacer un milagro también en Guayaquil.

Bibliografía: Pino Roca, Gabriel, Leyendas, tradiciones y páginas de Guayaquil. Galeano, Eduardo, Memorias del Fuego, tomo I.

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: 
http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/cultura/7/el-arbol-de-naranjo-encantado-un-mito-originado-en-guayaquil

Conferencia sobre el Cuartel de Ibarra

El remodelado Centro Cultural El Cuartel cuenta con una investigación histórica realizada por Juan Carlos Morales Mejía, miembro de la Academia Nacional de Historia, quien presentará una conferencia sobre este tema, este jueves a las 11h00, en el auditorio del Centro Cultural del Ministerio de Cultura y Patrimonio ( Oviedo 6-39 y Sucre ).

Además, se presentará al público el libro El Cuartel de Ibarra, de autoría del mencionado escritor, quien –de manera didáctica- ofrecerá las diversas visiones en torno a este emblemático lugar, que inició su construcción en 1907, en plena época alfarista y que ahora constituye un referente cultural.

El evento es parte de la planificación anual de la Biblioteca del Ministerio de Cultura y Patrimonio, previsto para el Día del Libro, pero los sucesos en la costa ecuatoriana fue suspendido. Ahora, las unidades educativas que han sido invitadas, colegio La Inmaculada, San Francisco, o instituciones públicas y público en general, podrán apreciar, de primera mano, la historia de este ícono de Ibarra. El autor, como parte de su política de difusión del conocimiento, ha liberado en formato pdf dicha investigación, la misma que será colocada en el sitio web del Cabildo para toda la ciudadanía.

El evento, que tiene el aval del Municipio de Ibarra, quien auspició la publicación, estará acompañado de fotografías antiguas de la urbe, que también son parte del legado que ahora tiene el mencionado lugar, ubicado frente al parque La Merced. Por iniciativa del Departamento de Cultura del GAD-Ibarra, junto con Editorial Pegasus, se realizó anteriormente la teatralización guiada en este sitio, que cuenta con diversas salas. 

RESEÑA

Juan Carlos Morales Mejía (Ibarra, 1967) es un escritor, con más de 30 libros, especializado en Mitologías de Ecuador. Entre sus obras se destacan Fabulario del dragón, cuentos de literatura fantástica traducidos al francés y al inglés (premio latinoamericano Theobaldo de Negris, en Buenos Aires, Argentina), El poeta y la luna, o la serie sobre mitos; Quito en tiempo de campanas, Quito, las calles de su historia, Mitologías de Imbabura, Mitologías de Guayaquil, Leyendas de Ibarra, entre otros.

Pertenece a la Academia Nacional de Historia y es Magíster en Cultura, además de una especialización en Historia del Arte, por la Universidad Andina Simón Bolívar, de Quito. Su tesis de maestría, en el tema de historia, se titula: Estrategias de etnicidad: el caso de Don Leandro Sepla y Oro, cacique del siglo XVIII, en Licán.

Es fotógrafo por el Centro de Imagen de la Alianza Francesa. Su libro Graffiti: en clave azul, un recorrido por América Latina, fue su tesis de pregrado como periodista de la FACSO, de la Universidad Central del Ecuador. Fue becario de la UNESCO, en Buenos Aires, Argentina.
Es articulista del diario público El Telégrafo y miembro del Comité Editorial de Ecuador TV y la Radio Pública de Ecuador.

Para el tema de Ibarra ha realizado:

El Cuartel de Ibarra
El Libertador enfrenta al realista Agualongo, premio de ensayo del Parlamento Andino.
Libro inédito, Ibarra: destino de mar.
Leyendas de Ibarra, cuarta edición.
Cartografía mítica de Ibarra, ponencia a las Jornadas de Historia de Ecuador.
Imágenes de Ibarra libro para el Consejo Nacional de Cultura dentro de la serie Imágenes del siglo XX. Investigación del fotógrafo Miguel Ángel Rosales. 2013
Ibarra a inicios del siglo XX, investigación y muestra en cajas de luz.
Poeta de Ibarra, libro de poesías de Carlos Suárez Veintimilla.

FOTO. Fotografía de Miguel Ángel Rosales 
FOTO. Juan Carlos Morales Mejía

FOTO, Anónimo, Archivo Municipio de Ibarra




¿EL TELÉGRAFO es un pasquín?

Un asambleísta, en una entrevista difundida, dice que el diario público EL TELÉGRAFO es un pasquín, a propósito de las últimas oleadas de los ‘Papeles de Panamá’. Esto me recordó una clase con Bernard Lavallé, eminente historiador, autor de la biografía de Francisco Pizarro, “ese pícaro bastardo y analfabeto, quien siendo porquerizo llegó al Nuevo Mundo y asesinó a Atahualpa, todo por la codicia”, según relata la llamada leyenda negra.

Y esto porque Lavallé nos contó un día sobre el origen de la palabra pasquín. En Roma, los libelos aparecían en una serie de estatuas, seis en total, pero la más famosa era la de Pasquino. Se lee en la web: “Estas estatuas parlantes fueron y siguen siendo el arma con el cual Roma ha demostrado su descontento a la arrogancia y a la corrupción de las clases dominantes sin perder el sentido del humor característico de los romanos”. En el siglo XVI, al amparo de la noche, autores anónimos colocaban carteles que, aunque en su mayoría eran poemas, a veces “se llevaban a cabo verdaderos diálogos humorísticos entre las estatuas”.

La famosa estatua de la Plaza Navona de Pasquino, del siglo II antes de nuestra era, representaba a un gladiador romano donde, con el tiempo, se colocaban las sátiras conocidas como ‘pasquinadas’. Hay algunas famosas.

Durante la dominación napoleónica, hubo un diálogo entre Pasquino y Marforio. Este último preguntó: “¿Es verdad que los franceses son todos ladrones?”, Pasquino replicó: “No todos, pero Bona-parte”. Durante el fascismo de Benito Mussolini, en ocasión a los preparativos para la visita de Hitler a Roma, Pasquino dijo: “¡Pobre Roma mía de Travertino! / Te han vestido toda de cartón / para hacerte mirar por un pintor, / tu próximo patrón”. A la muerte del papa Pablo III, Pasquino dijo: “Aquí fue enterrado un tal Pablo / fraudulento, ‘vulpon’ (zorro), ladrón, asesino, / aquí famoso en boca de Pasquino / Allá doliente en la boca del diablo”. A la muerte del papa León X, famoso por la venta de indulgencias, Pasquino dijo: “En los últimos instantes que León había vivido, / no pudo tener sus sacramentos, pues los había vendido”.

La definición de pasquín es: “Escrito anónimo, de carácter satírico y contenido político, que se fija en sitio público”. Uno famoso fue colocado por Eugenio de Santa Cruz y Espejo, aunque algunos dicen que por su hermano, en las Siete Cruces de Quito: “Salva Cruce Liber Esto. Felicitatem et Gloriam consequto” (Felicidad y Gloria conseguiremos. Al amparo de la Cruz seremos libres). Hasta en La mala hora de Gabriel García Márquez se los cita:  “... En el puerto, un grupo de mujeres comentaba en voz alta el contenido de un nuevo pasquín puesto la noche anterior. Como el día amaneció claro y sin lluvia, las mujeres que pasaron para la misa de cinco lo releyeron y ahora todo el pueblo está enterado. El juez Arcadio no se detuvo...”.


En esta tónica, hay una pregunta que flota en el aire: ¿Qué haría usted si su banco le deposita casi un millón de dólares por error? A: Se va a farrear; B: Dona a los niños pobres; C: Devuelve el dinero; D: Ninguna de las tres primeras… (O)

domingo, 10 de abril de 2016

¿Boicot: respuesta a los 'Papeles de Panamá'?

Las recientes revelaciones de los ‘Papeles de Panamá’ no terminan de sorprendernos, para el caso ecuatoriano: 59 grupos que hacen negocios en el país, al parecer, no confían en ellos. Estos 59 grupos obtuvieron ingresos mayores a los $ 28.000 millones. Pagaron, en cambio, un impuesto a la renta de $ 609 millones, es decir una contribución del impuesto a la renta del 2,15%.

¿Qué debemos pensar como sociedad? Siempre viene a la memoria la mentalidad de los Gran Cacao cuando sus fortunas se dilapidaban en los cabarets de París mientras en sus haciendas -dos familias dueñas de un territorio de la actual provincia de Los Ríos- nunca construyeron una fábrica de chocolate, pero sí una réplica de la torre Eiffel, en Vinces. O más cercano, los bananeros que tienen como contribución a su Reina del Banano.

¿Qué debemos hacer como sociedad? En la crisis bancaria, una marca de cervezas vinculada a ese atraco sacó un producto. Vivía entonces en Baños e insistí al dependiente que no podía consumir esa botella porque no se compadecía con los miles de compatriotas que esa crisis -con suicidios incluidos- había expulsado. Después, un empresario -que de vez en cuando nos da sus recetas- cerró algunas fábricas para trasladarse a Perú, para evitar pagar impuestos. Bien, dejé de comprar sus camisetas. El boicot contra las empresas es una vía.

Es una de las formas de resistencia de una sociedad que les envía un mensaje bajo el amparo de la ética. Con impuestos -muchos en paraísos fiscales- también se construyen escuelas y no solo engordan a un funcionario público, como algunos creen.

Podrá resultar descabellado, pero ha sucedido en Europa. Cuando un gran conglomerado chocolatero colocó publicidad racista, los consumidores iniciaron una campaña para no comprar esa marca, hasta que desistieron.

¿Qué nos van a decir esos empresarios que todos los días venden sus productos a unos ecuatorianos en los cuales les niegan su futuro? El libro No Logo, de Naomi Klein, dice: “A medida que los militantes se han unido por encima de las fronteras, ha aparecido un programa distinto, que sigue integrando la globalización, pero que quiere arrancarla de manos de las multinacionales. Los inversores éticos, los piratas culturales, los defensores de los espacios públicos, los gremialistas de McDonald’s, los hacktivistas de los derechos humanos, los militantes universitarios y los vigías anticorporativos de internet constituyen los primeros capítulos de la lucha para que exista una alternativa ciudadana al imperio internacional de las marcas. Esa exigencia, que en algunas partes del mundo se sigue susurrando apenas, como para evitar el mal de ojo, consiste en construir un movimiento de resistencia a la vez popular y altamente técnico; un movimiento tan global y capaz de una acción coordinada como las multinacionales que intentan subvertir”.


Y, claro, los 59 grupos representan marcas, sea de camisetas o de supermercados. Hasta ahora no han dicho nada. Tienen su oportunidad… (O)

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: 
http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/boicot-respuesta-a-los-papeles-de-panama
Si va a hacer uso de la misma, por favor, cite nuestra fuente y coloque un enlace hacia la nota original. 
www.eltelegrafo.com.ec

domingo, 3 de abril de 2016

Valdivias en bikini



Los países tienen sus íconos: los fabulosos moais de la isla de Pascua, esos monolitos de piedra que ahora se venden en miniatura como souvenirs; los infinitos fridas khalos que abundan en camisetas o jarros, o los infaltables ‘che guevaras’, convertidos en selfies hasta con Obama. (Yo también tengo un afiche de ustedes en mi cuarto. F. Che Guevara, decía un grafiti en Argentina).


En nuestro caso, las Venus de Valdivia que, en esta lógica, al inicio tuvieron suerte porque su factura fue encomendada a los propios comuneros de La Pila, descendientes del pueblo ancestral, merced a un proyecto cultural del Banco Central. Con el abandono, la población se ha dedicado a la reproducción de objetos para el hogar, de la peor factura. Eso que nos recuerda Ernesto Sabato, cuando dice que en la tribu más ‘salvaje’ de África o del Amazonas no se encuentra la vulgaridad que nos inunda por doquier.

Era hora de hacer una crítica.

Es con esta deconstrucción irónica de nuestras simbologías que podemos entender la propuesta de Helena García Moreno, artista ecuatoriana radicada en Alemania, cuando nos presenta su Valdivia en bikini, esa prenda creada por el francés Louis Reard en 1946 y antes en un mosaico romano.

Sin embargo, para deconstruir un ícono, primero hay que conocerlo. Por eso se acercó al museo Weilbauer de la PUCE-Quito para mirar esos relieves del pasado en sus 1.874 piezas. Durante diez años impartió la técnica, mientras el director Patricio Moncayo dictaba la teoría y los estudiantes eran llevados a las comunidades alfareras del país profundo.

Es curioso, porque esta artista que promueve lo ecuatoriano en su galería en Leipzig también pasó por su propio proceso deconstructivo, puesto que está especializada en barroco, al ser parte del renombrado taller Bernardo de Legarda, una iniciativa que se formó para impulsar la tradición de la Escuela quiteña. Sí, tuvo que trabajar con los cristos dolientes y ensangrentados que nos llegaron en carabela. Y ese es el otro punto. Occidente siempre ha mirado la contribución, en este caso de lo precolombino, como meros objetos, aunque los curas doctrineros -con su extirpación de idolatrías en la época colonial- tenían claro que los ídolos representaban deidades.

En el caso que nos ocupa, el libro Danzas silbadoras, editado por Karen Stothert, sobre la labor encomiable de Olaf Holm, nos da las pistas. El investigador asegura que las Venus de Valdivia, entre muchas interpretaciones, representarían un rito de fertilidad o sanación, tendrían “una función curativa en manos del shamán, las mismas que, una vez terminadas la ceremonia, son deshechas y quebradas. Rara vez encontramos figurillas enteras”.

Así, esta pintura, que puede ser apreciada en su recientemente inaugurada exposición en el Cafelibro, es parte de una línea de dotar de nuevos símbolos de lo que somos. Está el caso de Nadín Ospina, que utiliza iconografía pop para resemantizarla en lo precolombino. Estas Valdivias, además del logo del Ministerio de Cultura, aún tienen mucho que contarnos en este país de bruma que tiene miedo de mirarse desnudo. (O)

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/valdivias-en-bikini

Animalanzas el sábado 02 de abril en Libreríaa Rayuela


Imagínese que los animales se han reunido para decir quién será el nuevo rey de la selva. Imagínese que la contienda se decide por medio de la mejor adivinanza. Imagínese que el zorro tiene una treta, mientras el loro es más demagogo. Esta es la obra de Juan Carlos Morales Mejía, ilustrado por Eulalia Cornejo (también estará allí para firmar autógrafos).

Bien, ahora, imagínese que el autor leerá algunos capítulos de este proyecto que ya se difunde en dibujos animados por los diversos canales de Ecuador. Esto será el sábado 2 de abril en Librería Rayuela, por sus nueve años. Claro, como es un día de cumpleaños se obsequiará algunos peluches de Animalanzas.


Para que la fiesta sea completa, el autor también cantará algunos de sus temas, como Mientras seamos niños. A fin de cuentas, “quién te dijo que en el fondo de la caracola no está el mar…” Llegar a Rayuela es fácil: Germán Alemán E12-62 y Juan Ramírez, unas cuantas cuadras arriba del Megamaxi de la 6 de Diciembre, en Quito.

 Les esperamos, de 10h30 a 12h00


Coplas para Fray Agustín

 

 
Acaso, el mejor texto para recordar a alguien que se encamina en la barca al Hades sea el poema que Jorge Manrique escribió a la muerte de su padre en el siglo XV: “Recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando; / cuán presto se va el placer, / cómo, / después de acordado, / da dolor; / cómo, a nuestro parecer, / cualquier tiempo pasado / fue mejor”.

Tras la desolación, saber que –en el caso de Fray Agustín Moreno Proaño, fallecido hace una semana- queda su espíritu, no solamente en su sapiencia sino en la profunda enseñanza de vida, que nos lleva a creer en la condición humana. Y otra, en mi caso, la gratitud. Y también de Quito, ciudad que amó entrañablemente y que, como se ha dicho en estos días, fue merced a su libro “Quito Eterno” que se abrieron las puertas para la Declaratoria de Patrimonio de la Humanidad de la ciudad de las campanas. Obviamente fueron muchas personas como Rodrigo Pallares, pero fue merced a esta obra, que llegó oportunamente a los funcionarios de la Unesco en 1978, que se develó a esta ciudad que no habían visto nunca.

Quizá la mejor definición nos da Jorge Núñez Sánchez, director de la Academia de Historia de Ecuador: fue uno de aquellos personajes que la antropología contemporánea denomina como “tesoros humanos del patrimonio cultural”.

Nacido en Cotacachi en 1922, sobrino de Segundo Luis Moreno –ese prodigio que encontró en las claves de lo clásico nuestra música- Fray Agustín podía combinar su erudición, sin resultar petulante, con un fino humor. Tras servirse un buen locro con habas y con la barriga contenta exclamaba: ¡Se llenó el púlpito! Así era y, creo, que así hay que recordarlo. De allí que en la Academia es ya famosa su frase para cualquier brindis: “Si Dios en su gran bondad/ aquí bebiendo nos tiene, / será porque nos conviene. / ¡Hágase su voluntad!”.

Huelga decir que era un historiador profundo y que esa faceta anecdótica viene a la memoria como una manera de exorcizar su partida. Quizá, como siempre ocurre, el mejor homenaje es volver a sus doctos volúmenes, como el libro de toda su vida sobre Fray Jodoco Rique y Fray Pedro Gocial. Comparto los primeros párrafos de su “Quito Eterno”, de este “fraile menor” que nos enseñó a amar la historia, con generosidad.


“La ciudad de Quito debe su origen inmemorial a un héroe mítico llamado Quitumbe. Es posible que los primeros hálitos de su venerable antigüedad se remonte a unos ocho o nueve mil años, poco después de la llegada del hombre primitivo a las colinas de “el Inga”, al oriente del cerro Ilaló, en la provincia de Pichincha, según las fechas establecidas sabiamente por el Dr. Robert E. Bell en sus estudios sobre el paleolítico en el Ecuador. En la lengua Cayapa, Quito querría decir “Tierra poblada” (“Qui” –población; “To” –Tierra). En lengua Colorada, Quito significaría “Hacer Tierra (“Qui” –hacer; “Toa” –Tierra), encontrar la tierra deseada, quedarse en la Tierra por excelencia”.

Es verdad lo que decía Manrique: “que aunque la vida perdió, / nos dejó harto consuelo / su memoria”. (O)



http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/coplas-para-fray-agustin