sábado, 21 de abril de 2012

Nos patearon los cerebros


282.188 universitarios estafados académicamente. 14 universidades suspendidas. Varios culpables: los antiguos centros de control con intereses, los diputados quienes aprobaron su funcionamiento (algunos se doctoraron varias veces), la sociedad impávida ante ofertas que graduaban, en medio año, de ingenieros comerciales… Atrás un fin mercantil con la educación. Las consecuencias: un país desolado e ignorante.
Creo que René Ramírez, titular de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt), tiene la respuesta: “Esta puede ser considerada una de las mayores estafas que ha vivido el Ecuador desde el regreso a la democracia”. Lo comparó con el salvataje bancario de 1999. En otras palabras, en el último caso se robaron la plata, en el otro patearon los cerebros. Por un elemental sentido de memoria como pueblo, se debería grabar, en esos mismos sitios ahora clausurados, los nombres de quienes aprobaron su funcionamiento (no hay que olvidar que 38 proyectos para crear universidades esperaban su aprobación en el ex Conesup).
Pero el mal de la Universidad ecuatoriana no termina. Aún, en algunas universidades públicas se cree que el fin de la educación es costo-beneficio y, claro, hay profesores que pueden pasar años con el mismo amarillento cuaderno para dictar sus clases, apelando al método memorístico. En un mundo donde el conocimiento es cambio -Francis Bacon decía que el conocimiento es poder- la Universidad debe pasar de ser pedagógica a contar con verdaderos centros de investigación.
Sin embargo, no advertimos el drama hasta cuando ponemos los hechos en cotidiano. Imaginamos a un médico, graduado en las llamadas “universidades de garaje”, realizando una operación a corazón abierto, cuando nunca recibió dicha información o, para hacer más risible el caso, a un universitario impartiendo una clase de filosofía en la Universidad Carlos Cuauhtémoc Sánchez de Estudios para la Cultura. Porque no hay que exagerar mucho si una de las universidades suspendidas llevada el nombre del autor de “El vendedor más grande del mundo”, con matices del peor estilo del new age.
Se sabe de universidades que la materia de ética periodística, para los alumnos de comunicación social, se estudia con biblia abierta y la carrera de Antropología no incluye la teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin. La noticia llega el Día del Maestro, porque no todo es Don Dinero. Ya lo decía Montalvo, ahora que está de moda: “Para la codicia nada es sagrada. Si el Ave Fénix cayera en sus manos, se la comiera o la vendiera”.
 



Tomada de la edición impresa del Sábado 14 de Abril del 2012

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