lunes, 10 de noviembre de 2025

El historiador Juan Carlos Morales Mejía reescribe el mito de Cantuña en un libro de gran formato




El historiador Juan Carlos Morales Mejía reescribe el mito de Cantuña en un libro de gran formato

 






Juan Carlos Morales Mejía presentará este 15 de noviembre “Cantuña y los mil diablillos” en la Librería Rayuela de Quito a partir de las 11:00. Un libro objeto de Editorial Pegasus ilustrado por Roger Icaza.


La producción destaca su formato de tapa dura con una forma única 45 x 15 centímetros.

Monstruos, duendes, brujas, almas en pena y gigantes devorados por lagunas son parte de los temas de interés permanente de Morales Mejía, quien además es poeta y periodista.

En su larga producción destaca su trabajo como guionista de la película “Como Voy a Olvidarte” sobre el cantante Segundo Rosero.

Sobre el trabajo de investigación detrás de la obra “Cantuña y los mil diablillos”, Morales afirma que ha empleado al menos siete años en este proyecto que recoge esa leyenda ecuatoriana que data del siglo XVII.
 


“Cuando el diablo, con barba de chivo viejo y patas de cabra, retiró su mano izquierda, Francisco Cantuña tuvo una corazonada porque el Maligno se parecía más a los demonios medievales amigos de las gárgolas que al temible Samael, parte de los ángeles caídos”, reza una parte del texto de Morales Mejía “Cantuña y los mil diablillos” que será presentado este 15 de noviembre en la Librería Rayuela a partir de las 11:00.

Morales es Magister de Estudios Latinoamericanos y tiene una especialización en Historia del Artes de la Universidad Central.

Como parte de un proyecto sobre mitos del Ecuador ha publicado Mitologías de Imbabura, Leyendas de Ibarra, los dioses mágicos del Amazonas, los cuadernillos de la Caja Ronca, el duende de Intag y el Duende de San Vicente.

 



Revise

 

miércoles, 29 de octubre de 2025

Presentación de libro Cantuña y los mil diablillos, 2025/11/15 a las 11h00













""Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo. Fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados junto con él". Apocalipsis 12:9

Cuando el diablo, con barba de chivo viejo y patas de cabra, retiró su mano izquierda, Francisco Cantuña tuvo una corazonada porque el Maligno se parecía más a los demonios medievales amigos de las gárgolas que al temible Samael, parte de los ángeles caídos. Ya era tarde, porque el apretón de manos había sellado un pacto firmado con sangre.

Mas, el sagaz Cantuña notó en este ser algo muy diferente a los temibles espíritus del famoso cuadro del Infierno que existía en la cercana Compañía de Jesús, pintado en 1626, por Hernando de la Cruz, donde los condenados de ojos desorbitados –entre llantos y crujir de dientes- eran devorados por lenguas de fuego más allá de la eternidad.

Claro que Cantuña estaba preocupado, al fin y al cabo era su alma la que estaba en juego, además de su prestigio como constructor, porque en breve debían llegar tres legiones de diablillos a terminar el atrio de la iglesia de San Francisco aquella noche sombría en la ciudad de las campanas, Quito, en esos aciagos días de 1667. (Fragmento del prólogo).

Cantuña y los mil diablillos, Juan Carlos Morales Mejía; Roger Ycaza (ilustraciones), Editorial Pegasus, Quito, 2024"
https://www.instagram.com/p/C9xO3LaJZbF/?igsh=MWNvN2FsdnB2OTZuMQ==
 
 
Germán Alemán E12-62 y  Juan Ramírez 
 
 

 

 
 
 
 
 

jueves, 18 de septiembre de 2025

Mural Metro de Quito, Alameda - El libro, la última resistencia





"Tal vez al paso que vamos, debemos pensar que el libro es la auténtica resistencia, que leer es una manera de rebeldía."

Mural en pared del Metro de Quito, en la estación de la Alameda. 
Fotografía "Doña Charito" 

Revista Públicos - El libro, la última resistencia 

 


 

El libro, la última resistencia

 


 

sábado, 6 de septiembre de 2025

Libro Historia de saberes




En los tiempos antiguos, en torno a la hoguera –en medio de la noche profunda- se escuchaba a los ancianos sabios. El mentor de una comunidad era un personaje de rostro arrugado o una mujer que estaba más allá de las envidias, personajes guiados por la generosidad de compartir saberes.
 
En Occidente –a diferencia de las prácticas milenarias de Oriente- hay un desprecio a la vejez y por este error quienes están en la cúspide del saber tienen que jubilarse. De otro lado, no conocemos los aportes de hombres y mujeres quienes –desde sus mínimas historias- transforman a una comunidad.
 
En Imbabura, al norte de Ecuador, estos casi anónimos personajes –que no buscan inmerecidos monumentos- son parte de la otra historia, lejos del poder y de la vanidad. Aquí están los perfiles de un apasionado de la música del terruño; un contador de su pueblo, dos mujeres que mantienen la cocina popular, un imaginero, un fotógrafo de manga, un luchador contra adversidades, un soñador de textiles ancestrales, el tierno bufón de su poblado, mujeres con coraje desde la música, aquellos que construyeron una fábrica y, por supuesto, un yachac de Peguche. Cada crónica –según el protagonista- tiene diverso estilo, así como la documentación de las imágenes.

Historia de Saberes / Imbabura, Juan Carlos Morales Mejía
Auspicio: Diego García Pozo, Prefecto de Imbabura, Editorial Pegasus, 2013
 
Libro liberado para descarga: Historia de Saberes
 
 
Referencia: 
 

miércoles, 27 de agosto de 2025

Libro Caranquis



Durante milenos, un pueblo al norte del actual Ecuador, en la provincia lacustre de Imbabura, armonizó su cultura con su deslumbrante geografía. Sus dioses eran los montes tutelares Taita Imbabura y Mama Cotacachi, y sus deidades en torno al agua la formaban sus múltiples cochas (lagunas), pogyos (vertientes), hatun yaku (ríos), paqchas (cascadas), a quienes reverenciaban, en tiempo de las cosechas del maíz, con la bebida de la chicha.
 
Los Caranquis, quienes florecieron del 1250 al 1550 de Nuestra Era, construyeron alrededor de 5.000 tolas y practicaron la reciprocidad a lo largo de sus límites que abarcaban desde el valle del Chota hasta Guayllabamba, además de que fortalecieron sus alianzas con otros pueblos como los quitus, pastos, manteños o los pueblos amazónicos. 
 
Santiago Ontaneda Luciano lo dice: “La particularidad del País Caranqui —y de la serranía ecuatoriana, en general— está vinculada a un fenómeno conocido como microverticalidad, que consiste en la sucesión próxima y continua de distintos pisos ecológicos, cada uno caracterizado por un sistema de producción propio”.
 
Esta obra es un compendio de destacados estudios en torno al señorío étnico de los Caranquis, en un momento de una fuerte incanización (que, por lo demás, únicamente tuvo una presencia de 13 años en la región norte durante su expansión) que incluye celebraciones como el llamado Inti Raymi que acá, durante el solsticio, no tiene un sentido militar sino comunitario. En los Caranquis está, gracias a su profundo conocimiento del territorio y el intercambio alcanzado entre diversos pueblos, la brújula para entender nuestro futuro.
 
Puede descargar el libro 
  
 
 
 
 

miércoles, 20 de agosto de 2025

El Cuartel de Ibarra

 

 




Ibarra, al norte de Ecuador, tiene edificios patrimoniales, de la época republicana, que deslumbran. Al frente del parque 9 de Octubre, más conocido como La Merced, se encuentra un construcción que evoca a las épocas medievales. Este espacio es el Centro Cultural El Cuartel un lugar que ahora alberga distintas exposiciones donde se destaca el llamado Salón Troya, con óleos enormes que representan la fundación de Ibarra, en su parte histórica y mítica, del mayor paisajista ecuatoriano de finales del XIX, el pintor ibarreño Rafael Troya Jaramillo.


Fue el mayor Joaquín Delgado, comandante del batallón Jaramijó Nº 8, quien comenzó la construcción de la obra en 1907, en el segundo mandato del liberal Eloy Alfaro, como parte de la inversión publica en contrapeso con las construcciones religiosas. Era la época de la arquitectura ecléctica (parte del neoclasicismo y romanticismo del siglo pasado aún presente) y José Domingo Albuja se inspiró en un castillo medieval, aunque sin las torres albarranas ni las fosas eso sí con los orificios para disparar las añoradas saetas.


Se inauguró en 1917 pero los trabajos continuaron. En su torre norte consta una fecha: 24 de mayo de 1927. Para 1930, el comandante Neptalí Rueda, adquirió por 200 sucres 400 molones tallados de piedra, presumiblemente de las canteras del río Tahuando.

Puede descargar el libro

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Como referencia

2015 El artífice del Cuartel de Ibarra
2016 Conferencia sobre el Cuartel de Ibarra
2017 El Cuartel de Ibarra y el arte


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