sábado, 3 de agosto de 2019

Apuntes sobre la batalla de Ibarra, 2019/07/18


En estos días, Ibarra celebra los 196 años de su gesta libertaria, en la batalla del 17 de julio de 1823, dirigida personalmente por el Libertador Simón Bolívar, donde las tropas patriotas se enfrentaron a las huestes realistas, dirigidas por Agustín Agualongo, quien defendía el último enclave monárquico de Pasto. La gesta se inscribe en una disputa entre la idea republicana frente al antiguo régimen. Con un ejército de aproximadamente 1.500 efectivos, enfrentó a las tropas pastusas, también de igual número y “más realistas que el rey”.

Bolívar decide -como buen estratega- confiar en dos elementos: el factor sorpresa y la formidable fuerza de su caballería, por lo que días antes había pedido expresamente que los caballos para este fin no sean utilizados, bajo pena de castigo.

La estrategia consistió en que el ejército patriota no llegaría por el Camino Real sino por las faldas del tutelar Imbabura, flanqueando por el lado sur, hacia la quebrada del Abra, en el flanco oriental, por la tarde del 16 de julio. Al amanecer, el ejército comenzó a descender hasta Ibarra, en medio de la protección de los árboles de nogal, guabo y sauces, que se encontraban en el sector. Y aquí la posición de las diversas divisiones: “A la derecha e izquierda del camino de Ibarra se movería la infantería; la caballería al centro, en orden cerrado, con la consigna de avanzar sobre la Villa y tomarla, simultáneamente”.

A las dos de la tarde, una patrulla de los realistas que cuidaba los caballos en el sector oriental de Yacucalle, donde había abrevaderos, fue alcanzada, habiéndose escapado dos hombres heridos que fueron a dar aviso. El saldo: 800 realistas pastusos muertos, frente a 13 patriotas.

Con la toma de Lima, el 18 de julio, por parte del monárquico Canterac, y la batalla de Maracaibo, apenas el 24 de julio, la batalla de Ibarra fue decisiva porque de allí siguió la liberación de Perú. “Yo pienso defender este país con las uñas”, dijo el Libertador en carta a Santander, recalcando que, si perdía esta contienda, la guerra de la Independencia se prolongaría hasta el infinito.


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