lunes, 10 de octubre de 2022

Danzantes de Pujilí


En la casa del poeta Juan Carlos Morales Mejía habitan los danzantes de Pujilí, acaso la fiesta más vistosa de Ecuador en las Octavas del Cospus Christi, ahora convertida en un pastiche. Recuerdan a las figuras precolombinas de la cultura Jama Coaque (350-1532 de Nuestra Era), donde sobresalen las figuras de los chamanes, con sus animales sagrados como el jaguar. En el traje de 12 piezas –desde cascabeles a alfangues- destacan los espejos y sus plumas de colores. Se dice que el baile acompasado representa a un cóndor y está vinculado al agradecimiento a las cosechas, en la época de solsticio, una celebración milenaria anterior a la llegada de los incas e ibéricos.
 
En esta fotografía, con lente macro, se ha colocado de fondo una pintura llamada naif (ingenua) de Tigua, de Juan Luis Tituaña. Curioso, esa mismo “primitivismo” que buscaba Paul Gauguin en Tahití, es decir la ruptura de la perspectiva ideada en el Renacimiento. La fotografía en Ibarra, entonces, muestra la figurilla adquirida en La Victoria, Cotopaxi, bajo el esplendor del color andino de la pintura de Tigua, un Arte genuino lejos del canon oficial.

 

 

miércoles, 5 de octubre de 2022

Una cucaracha llamada Kafka - Máquina Combinatoria



"Franz Kafka (Praga, Imperio austrohúngaro, 3 de julio de 1883-Kierling, Austria, 3 de junio de 1924) fue un escritor bohemio de origen judío que escribió en alemán. Su obra está considerada una de las más influyentes de la literatura universal y está llena de temas y arquetipos sobre la alienación, la brutalidad física y psicológica, los conflictos entre padres e hijos, personajes en aventuras terroríficas, laberintos de burocracia y transformaciones místicas, leemos en la red. Este, entonces, es un homenaje a su obra, siempre inquietante, donde se destaca La Metamorfosis, una alegoría a la siempre difícil vida de los escritores.

La literatura es misteriosa. En el siglo tercero antes de Nuestra Era vivió en China el filósofo de la escuela taoísta Chuang Tzu quien escribió el micro relato “Sueño de la mariposa”: “Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu”.

En 1907, en una casa de Praga en la calle Niklas, el oscuro funcionario Franz Kafka inicia su relato que originalmente se llamó La transformación: “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto”. Pero el personaje de La Metamorfosis, erróneamente titulado, no es una mariposa sino un escarabajo, aunque a nosotros se nos figura una cucaracha (por cierto, los únicos animales capaces de sobrevivir a lo impensable).

Augusto Monterroso, en el libro La oveja negra y demás fábulas, de 1969, da una vuelta de tuerca para unir los dos relatos en “La cucaracha soñadora” escribe: “Era una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha”.

En una caricatura de Gerineldo de estos tiempos aparecen dos, digámoslo, asquerosos insectos blatodeos con antenas. El uno le lee un cuento agarrado con sus patitas: “Una mañana después de un sueño intranquilo se encontró sobre su cama convertido en un ser humano”. El otro insecto, que efectivamente está apoltronado, replica: “¡Qué horror!”.

¿Por qué no ver en La metamorfosis la puesta en la literatura de las condiciones mismas de la labor y el destino del “escritor” —como tipo social— en uno de los momentos álgidos de la civilización industrial y burocrática? Se pregunta Jordi Llovet en esta era de “capitalismo” y dizque progreso. Una sociedad que, en definitiva, desprecia al poeta.

Borges escribió en “Ein Traum”: “Lo sabían los tres. / Ella era la compañera de Kafka. / Kafka la había soñado…” El final es misterioso: “Kafka se dijo: / Ahora que se fueran los dos, he quedado solo. / Dejaré de soñarme”.

 

Publicado en Máquina Combinatoria  Una cucaracha llamada Kafka

 

 

lunes, 22 de agosto de 2022

Un sombrero por el río Tahuando, 1865



 

 


Después de mucho andar, Friedrich Hassaurek, el embajador de Estados Unidos, llega a Ibarra, en 1865. Hace poco, en su país, han asesinado al presidente Abraham Lincoln, quien batallaba contra los estados esclavistas del sur. El diplomático que soñaba con Viena se acomoda su larga chiva y escribe: “El lugar donde está situada Ibarra es húmedo y pantanoso y, de vez en cuando, le visitan fiebres intermitentes”. Se pasea por sus calles y cuenta que sus habitantes son sociables y hospitalarios.

 
Después, al caer la tarde, escucha una canción: “En el río del Tahuando / mi sombrero va nadando, / en la copa me dice / que mi amor se va acabando”. Cantan los arrieros y chagras, comenta en el libro Cuatro años entre los ecuatorianos. Lo que aún no sabe es que la canción durará siglos, como en las voces de Ñanda Maniachi.
 
100 MICROHISTORIAS de Ibarra, Juan Carlos Morales Mejía
 
Panorámica: Miguel Ángel Rosales, segunda mitad del siglo XX