domingo, 26 de febrero de 2017

Llega el año chino del gallo.

Hay muchas promesas para el nuevo año: tener una dieta equilibrada, no tener deudas, viajar y ver lugares nuevos, unirse a algún voluntariado, proteger a los perros callejeros, pasar más tiempo con la familia, no despotricar contra los vecinos, usar menos el Facebook, resistir al chat, leer un libro por semana, no creer en falsas promesas, no ser proclives a la envidia… En fin, el psicólogo Richard Wiseman afirma que solo el 12 por ciento de las personas consigue lo que se propone.

Seguido por la tendencia, he querido hacer mi propia lista de promesas. En verdad, no creo que cambie nada, porque el tiempo es una invención. El calendario es una arbitrariedad que, como se sabe, fue ajustado a conveniencia cristiana (está regido por el movimiento solar mientras que el musulmán lo era por la Luna). De hecho, en el mundo romano el inicio del nuevo año era en marzo, en honor de Marte, el dios de la guerra; y ni qué hablar del comienzo de un nuevo período para los chinos que, a fin de cuentas por su número, debería regir en el planeta.

El calendario, tal como se conoce en Occidente, fue creado en el 700, antes de Nuestra Era por Numa Pompilio, segundo rey de Roma, con sus 365 días, dejando hueco al mes de febrero y de allí sus años bisiestos y esto tiene su historia.

En la red se puede leer que fue Julio César quien decretó que el año comenzara el 1 de enero, para hacer coincidir el día en que los funcionarios del emperador iniciaban en su cargo. Y, claro, como era un César de paso añadió un día para que julio coincida con su cumpleaños y lo propio hizo Augusto, y por eso el pobre febrero tiene sus 28 días. ¡Qué tal!

Se puede leer: “La imperfección del calendario juliano dio pie para que en 1582 el papa Gregorio XIII encargara a Luis Lilio y al jesuita alemán Christopher Clavius la reforma por la cual se creó el calendario gregoriano. Dado que el equinoccio de primavera se había adelantado 10 días, se suprimieron estos para ajustar el ciclo de las estaciones.

Este ajuste se llevó a cabo el jueves 4 de octubre de 1582, por lo que el siguiente día se consideró viernes 15 de octubre”.

Lo de los bisiestos es un lío que no alcanzaría a explicar en este artículo, ni sabría cómo (“Así pues de los años 1600, 1700, 1800, 1900 y 2000, que en el calendario juliano son bisiestos, en el gregoriano lo son solo el 1600 y el 2000, de modo que cada cuatro siglos quedan suprimidos tres días”).

Más interesante es el año chino, por lo demás más antiguo, creado en el año 2637, antes de Nuestra Era o antes de Cristo, como le gusta decir a Occidente. Este calendario de cinco ciclos de doce años está regido por animales: Rata, Toro, Tigre, Liebre, Dragón, Serpiente, Caballo, Oveja, Mono, Gallo, Perro y Cerdo. El 2017 corresponde al Gallo de fuego, pero los asiáticos están en el año 4714, así que llevamos las de perder.

Las predicciones son precisas: “Durante el año del pájaro candente todo se mantendrá en equilibrio inestable, ya que todo apunta a grandes discusiones y mezquindades, a fenómenos autoritarios y dominantes y a una paz tensa”. No hay duda, el mundo seguirá tal cual lo dejamos. (O)



Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/llega-el-ano-chino-del-gallo

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