sábado, 21 de abril de 2012

Ecuador: tierra de leyendas

El chuzalongo -pequeño joven, en quichua- es el protector del Taita Imbabura, la deidad dadora de agua. De allí que las lagunas, cascadas y vertientes se convierten en deidades para nuestros pueblos anteriores a la llegada de los incas y españoles, con sus cristos ensangrentados. Los chuzalongos son nuestros duendes.
Hay más. El riviel, por ejemplo, con sombrero enorme, viaja en una barca fantasma por los ríos de Esmeraldas. El famoso Tin tín, de gran miembro viril como sinónimo de la fertilidad, se encuentra al sur de Manabí mientras el duende con las patas al revés, para despistar a sus perseguidores, es posible hallarlo en la Isla Corazón, en el estuario del río Chone.
Los duendes de la Sierra Norte, como en el Carchi, son criaturas diminutas de influencia ibérica quienes danzan una música celestial (por algo fueron expulsados del Paraíso con la caída de Luzbel). Por lo general se los encuentra en las chorreras o quebradas en la hora mala: seis de la tarde. El tío-abuelo Néstor fue enduendado y para librarlo del maleficio le colocaron un collar de ajos, más la respectiva agua bendita. María Esther Bastidas contaba que el pícaro duende se introducía a la cocina para echar sal en la comida de dulce.
Papá Roncón, el mítico músico esmeraldeño, cuenta que fue un duende quien le enseñó a tocar la marimba. Hay varias maneras de atrapar a un duende: retarlo a pelear, pero esa no es buena alternativa porque, aunque de mínima estatura, es extremadamente fuerte. Lo otro es tener un espejo, porque al duende no le agrada mirarse sus verrugas.
En el caso de los duendes músicos hay que dejar una guitarra destemplada porque cuando el duende llega a conquistar a una muchacha se lleva un buen chasco.
Los duendes son, entonces, ángeles caídos en desgracia y están presentes en todas las culturas con diversos nombres. La primera mención está en ese libro prodigioso que es “Las mil y una noches”.
Esto viene a cuento porque el Pensionado Universitario, de Quito, acaba de organizar este anterior jueves la VII edición del festival Ecuador: tierra de leyendas, donde colegiales de la capital y de otras provincias presentaron sus videos dramatizados, pero en inglés. Mitos de duendes, Cantuña, Guayas y Quil y Quilago, estuvieron en escena.
El Municipio de Quito, gracias a la iniciativa de este establecimiento, designó desde 2008 a noviembre como el mes de las leyendas. ¿Para qué sirve la mitología? Es la otra historia, lejos de las batallas y los generales. A veces creo que es la verdadera historia.
 
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Tomada de la edición impresa del Sábado 19 de Noviembre del 2011


 
 

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