jueves, 3 de enero de 2019

Ibarra en 1747, según Cicala, 2018/12/20


La única fotografía de Ibarra, antes del terremoto de 1868, la tomó un viajero italiano desde Alto de Reyes, un mirador de la urbe. En Vistas en el Ecuador, Camillus Farrand devela a una urbe captada en 1862. Además de los 8 personajes, 4 de ellos afrodescendientes, se aprecia el esplendor de una población que después fue devastada.

Mas, un cronista que llegó en 1747, Mario Cicala, nos da más pistas de cómo era la ciudad perdida. “No sé ciertamente por qué razón el Diccionario Geográfico y los geógrafos no hacen la más mínima mención de una ciudad tan famosa y célebre en la provincia de Quito, siendo una de las más antiguas, fundada por uno de los primeros conquistadores de la Provincia y Reino, llamado Miguel de Ibarra, de quien tomó su nombre”.

El jesuita, que estudió en San Gregorio, relata la vida cotidiana: “Los ciudadanos de Ibarra son de robusta y fuerte corpulencia, por lo común de bellos rasgos y de vivos colores. Son de carácter dócil e índole afable y amable; asimismo están dotados de generosa liberalidad, buenos ingenios, agudos y rápidos, muy aplicados al estudio de las letras.

Ordinariamente destaca casi en todos un temperamento pacífico, inclinado a la seriedad y gravedad; es gente de gran honor y de palabra. Con los forasteros y pasajeros son benévolos y obsequiosos. Las personas nobles y civiles son muy urbanas, educadas y atentas; pero la plebe es basta, rústica y de poca urbanidad; de algunos oí decir que era igualmente audaz, imprudente y malcriada. Al presente no hay mucha nobleza, pues muchas familias nobles se trasladaron a Quito”. El jesuita cuenta que desde que apareció el Monopolio Regio del aguardiente de caña comenzó a aniquilarse la ciudad.

Lo que no dice es que fueron los jesuitas quienes desde parte de sus 8 haciendas en el norte -de las 132 que tenían por todo el país- traficaban el aguardiente, producido en sus propias plantaciones, donde tenían esclavos arrancados de África. Justo, los parientes de la fotografía revelada en el XIX, ahora con poncho de los nuevos amos.


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