lunes, 7 de mayo de 2012

El sueño del celta

Un día, recordando ese juego victoriano de salón, hicieron a Borges el famoso Cuestionario Proust. En los demás, ¿cuál es la virtud que prefiere? Dos: el hábito de la inteligencia y el hábito de la ética. En la pregunta 30 consta: ¿Cuál es el hecho militar que más admira? El autor del Aleph exclamó: Las derrotas de quienes han combatido sin esperanza alguna de vencer.
 
Esta frase resume la historia real de Roger Casement, el protagonista del último libro del laureado Mario Vargas Llosa, El sueño del celta, en torno al héroe y traidor irlandés, quien denunció el colonialismo en África pero también la inefable vida de los caucheros del Amazonas y de sus verdugos, quienes –como nuestros Gran Cacao- construyeron sus propias torres Eiffel en el trópico, mientras terminaban sus fortunas en los cabarets de París. 
 
Casement, además, siendo diplomático británico fue parte de esa aventura por liberar a su Patria irlandesa de su propio colonialismo. Sus líderes católicos consideraban que el martirio era una de las formas de despertar la conciencia de un pueblo. 
 
Norman Finkelstein dice que, a lo largo de los años, han sido las mismas razones las que han justificado las conquistas, porque se decía que la tierra por conquistar estaba libre: el oeste americano era “tierra virgen”, o, “salvaje”, surafricana “nómada” y Palestina “una tierra sin gente”, o después un “desierto” listo para “florecer”. ¿Qué dirá, ahora, el Gobierno inglés en torno a Malvinas, al otro lado del mundo y del petróleo? Nuestro filósofo Bolívar Echeverría nos habla del discurso “civilizatorio” inglés, en su libro Definición de la Cultura.
 
Esto nos devuelve a Buenos Aires, cuando un tímido y joven periodista, acaso Vargas Llosa, entrevistaba al viejo Borges y se sorprendía de la penuria de su habitación, donde incluso se empapó de las goteras para no perder la cortesía ante el poeta ciego. A Borges le debemos el cuento memorable Tema del traidor y del héroe, cuando después de reunirse los conspiradores y “el país estaba maduro para la rebelión; algo, sin embargo, fallaba siempre: un traidor había en el cónclave”. Curiosamente, en la ficción borgiana de tres páginas, el más antiguo compañero del héroe, Nolan, “había traducido al gaélico los principales dramas de Shakespeare”, tal como el mentor MacNeill, en la obra de Vargas Llosa, traducía la antigua lengua irlandesa y fue acusado de traidor “por querer impedir aquel levantamiento romántico condenado al fracaso” (pag 349).
 
Sabemos que el escritor peruano se lamenta en estos días de que el Nobel haya sido esquivo a Borges. Pero de la borgiana Biblioteca de Babel, como está demostrado, se configura El nombre de la rosa, ese portento de Umberto Eco (en el primer caso, perece el hombre y se salva a los libros y en el otro se quema la biblioteca y se salva al hombre, donde también hay un Jorge de Burgos, por supuesto bibliófilo y ciego). Acaso, una de las tretas de Casement es que un escritor latinoamericano –que haya vivido en Londres y en Perú- de inicios del siglo XXI publicara un libro dedicado a la gloria del héroe; también eso, tal vez, estaba previsto…

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